martes, 19 de febrero de 2013

2º cerebro - cerebro mesenterico - cerebro digestivo

  La somatización de las emociones a través del sistema digestivo es el campo de estudio de la neurogastroenterología divulgada gracias a las investigaciones y estudios de Michael Gershon, director del Departamento de Anatomía y Biología Celular de la Universidad de Columbia (EEUU).
Gráfica imagen del "nudo" en el estómago.

El profesor Gershon descubrió no sólo que nuestro abdomen alberga una extensa red de células nerviosas (el intestino delgado cuenta con más de cien millones de neuronas) sino que esas células son idénticas a las del cerebro y liberan exactamente los mismos neurotransmisores hormonas y moléculas químicas que aquél.

De hecho, el 90% de la serotonina (una de las hormonas del bienestar) se produce y se almacena en el intestino, órgano que además tiene la capacidad de fabricar sustancias relajantes como las benzodiacepinas (principales componentes de los fármacos ansiolíticos). De ahí que se hable de que existe un segundo cerebro: el cerebro intestinal. Otro de los importantes hallazgos del profesor Geshon radica en el hecho de que la conexión entre el cerebro de la “mente” y el cerebro intestinal va en dos direcciones: nuestro estado de ánimo repercute en nuestro sistema digestivo y viceversa. La gastroenterología está ayudando a entender el origen de trastornos como el Síndrome del Colon Irritable (SCI), el reflujo gástrico, la úlcera o el estreñimiento crónico, que son considerados “alertas emocionales”.

LA DOPAMINA TAMBIEN SE PRODUCE EN EL ESTOMAGO 


El segundo cerebro también condiciona nuestra salud

Alojado en los intestinos, podría estar relacionado con enfermedades como el autismo o la osteoporosis


El sistema nervioso entérico o “segundo cerebro” se encuentra situado en nuestros intestinos, y está compuesto por 100 millones de neuronas. La revista Scientific American analiza el curioso funcionamiento de esta red neuronal, gracias a la que “sentimos” ciertas emociones en la tripa, y también gracias a la que nuestro organismo hace la digestión sin contar con la ayuda del cerebro principal. En la revista se analizan asimismo los resultados de las últimas investigaciones al respecto, que señalan que el segundo cerebro estaría relacionado con diversas enfermedades, como el autismo o la osteoporosis. Por Yaiza Martínez.


Fuente: Everystockphoto.




Las sensaciones de “nervios en el estómago” o de sentir en las vísceras punzadas de angustia o de cualquier otra emoción son consecuencia de la existencia de lo que los especialistas llaman un “segundo cerebro” en nuestro organismo. 

Este segundo cerebro consiste en una red de neuronas, a menudo pasada por alto, que recubre nuestras vísceras. La profundización en el conocimiento de esta masa de tejido neuronal formada por importantes neurotransmisores está revelando que este segundo cerebro hace mucho más que controlar la digestión de alimentos.

Un artículo reciente publicado por la revista Scientific Americananaliza los conocimientos más recientes sobre esta red neuronal y explica las características del técnicamente conocido como“sistema nervioso entérico”.

Sentir, pero no pensar

El estudio del segundo cerebro ha dado lugar, en las últimas dos décadas, a una rama de investigación conocida como neurogastroenterología. La importancia de conocer a fondo el sistema nervioso entérico radicaría en que éste se encarga de que las funciones digestivas mantengan un funcionamiento coordinado e integrado.

Pero no sólo eso, afirman los expertos. Situado en el interior de las entrañas, el segundo cerebro está conectado con el cerebro situado en el interior del cráneo y, al menos en parte, determina nuestro estado mental y juega un papel clave en ciertas enfermedades del organismo.

Fuera de su alcance quedan, a pesar de la gran repercusión que esta red neuronal tiene para el cuerpo, la generación de pensamiento consciente y la capacidad de decisión, afirman los investigadores.

Según declara el experto en la materia Michael Gershon, del Columbia University Medical Center: “el segundo cerebro no ayuda en los procesos mentales: la religión, la filosofía y la poesía están en manos del otro cerebro”. Gershon está especializado en el estudio de esta red de neuronas, y es autor de un libro titulado “The Second Brain”.

En qué consiste

El sistema nervioso entérico está compuesto por conjuntos de neuronas incrustadas en las paredes del largo tubo del intestino, o canal alimenticio, cuya extensión es de alrededor de nueve metros, desde el esófago al ano.

Este segundo cerebro contiene alrededor de 100 millones de neuronas, que es más de las que hay en la médula espinal o en el sistema nervioso periférico, explica Gershon.

Esta enorme cantidad de neuronas del sistema nervioso entérico es la que permite que la digestión se haga de forma apropiada, sin que el cerebro principal tenga que intervenir en sus procesos: la rotura de los alimentos, la absorción de los nutrientes y la expulsión de los desechos requieren de procesos químicos, contracciones musculares, etc. de los que se encarga el segundo cerebro, de forma independiente.

Pero la complejidad del sistema nervioso entérico no termina ahí, porque este segundo cerebro también influye en una gran parte de nuestras emociones: la sensación de tener “mariposas en el estómago”, por ejemplo, es en realidad una señal fisiológica que responde a un estado de nervios o de estrés, y que percibimos gracias los nervios presentes en nuestro intestino.



Intestino y salud

La complejidad del segundo cerebro hace que, según Gershon, de él dependa en parte nuestro bienestar físico y emocional cotidiano.

Dada la concordancia entre ambos cerebros, los científicos afirman que, por ejemplo, ciertos tratamientos contra la depresión que tengan como objetivo la mente, pueden impactar sin pretenderlo en el intestino.

Es el caso de ciertos medicamentos antidepresivos, los denominados inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina (ISRS), que aumentan los niveles de serotonina en el organismo, y que pueden provocar efectos gastrointestinales secundarios, como el síndrome del intestino irritable.

Esto es debido a que la serotonina, una hormona que es sintetizada por el sistema nervioso central y que actúa como neurotransmisor, se encuentra en su mayor parte (en un 95%) en el tracto intestinal del organismo.

Los científicos están descubriendo que la serotonina podría, además, jugar un papel en la aparición de otras enfermedades. Recientemente, en la revista Nature apareció un artículo que relacionaba un medicamento inhibidor de la producción de serotonina en el intestino con la osteoporosis (enfermedad ósea degenerativa) en roedoras postmenopáusicas.

Asimismo, la serotonina del “segundo cerebro” podría jugar un papel en el autismo. En sus investigaciones, Gershon ha descubierto que los mismos genes implicados en la formación de la sinapsis (conexiones entre neuronas) del cerebro están también implicados en la formación de sinapsis del sistema nervioso entérico. Según él, si estos genes se ven afectados por el autismo, esto podría explicar por qué muchos niños autistas padecen anomalías gastrointestinales.

Otras investigaciones actuales tratan de establecer cómo el segundo cerebro interviene en la respuesta inmune del organismo, dado que el 70% de nuestro sistema inmunológico se centra en el intestino para expulsar y matar a sus invasores.



La Dra. Irina Matveikova (autora del libro “Inteligencia Digestiva”) afirma que en general las personas con SCI suelen ser hiperactivas, nerviosas, con tendencia a las fobias y con problemas de autoestima, pero aún no se conoce cómo tiene lugar el proceso:

si es la personalidad lo que provoca el trastorno o si es el trastorno el que condiciona la personalidad.
Ya en el siglo IV a.C Hipócrates recomendaba “que tu alimento sea tu medicina y tu medicina tu alimento”. Realmente, somos lo que comemos
Entrevista a la Dra. Irina Matveikova
La doctora Irina Matveikova ha presentado el libro Inteligencia digestiva (La Esfera de los Libros) para acercarnos al mundo poco conocido de la tripa y las funciones digestivas. Ahí, un auténtico segundo cerebro lleva a cabo su actividad, desde tiempos inmemoriales. No solo garantiza nuestra supervivencia sino que además nos ofrece una sabiduría ancestral basada en la percepción directa y las intuiciones.
—¿Puedes explicarnos el concepto de cerebro digestivo?
—En 1999 el profesor Michael Gershon de la Universidad de Columbia, de Nueva York, publicó un ensayo tras haber estudiado durante 30 años el sistema nervioso entérico. Descubrió que tenemos cien millones de neuronas entre dos capas musculares del tubo digestivo, que son totalmente idénticas a las del sistema nervioso central (el cerebro superior). Estas neuronas tienen el mismo lenguaje neuronal que las del cerebro y producen los mismos neurotransmisores (sustancias químicas destinadas a producir algún efecto). Lo más interesante de esto ha sido descubrir que el 90% de la serotonina (la famosa hormona de la felicidad y el bienestar) se produce y se almacena en el sistema nervioso entérico, o cerebro digestivo. También tenemos ahí sustancias parecidas a las benzodiazepinas, lo que quiere decir que tenemos poder ansiolítico (tranquilizante) en la tripa. Este segundo cerebro tiene un vínculo profundo con nuestras emociones y nuestro bienestar.
—¿A qué responde lo que se pone en marcha en este cerebro?
—Ha aparecido una ciencia nueva, que se llama neurogastroenterología, que se dedica a estudiar los trastornos psicosomáticos con expresión gastrointestinal. Es decir, cómo canalizamos emociones a través del sistema digestivo, e, inversamente, cómo el sistema digestivo afecta a nuestras emociones; cómo desarrollamos enfermedades psíquicas o físicas y cuál es el papel de este segundo cerebro en relación con ello.
“Todavía no está muy claro cómo usar el potencial de este segundo cerebro, pero sí se sabe por ejemplo que se puede liberar serotonina gracias a un bolo alimenticio que se mueva a través del tubo digestivo; si provoca que los músculos se estiren, se desencadena una reacción neuroquímica. Por eso cuando uno come copiosamente, o deprisa, puede experimentar una relajación, un bienestar, lo que puede constituir una manera de combatir la ansiedad u otras emociones. Ahora bien, esta no es una forma sana de proceder. Hay medicinas naturales, milenarias, que proponen un aumento del bienestar mediante técnicas variadas. Aplicar calor, un masaje suave y dulce en la tripa, la respiración abdominal, un ritual de meditación, la acupuntura, así como los mimos y una buena alimentación ¡pueden ayudarnos a obtener mucha serotonina sin contraindicación alguna!
—¿Qué características tiene el cerebro digestivo?
—Se dice que es el cerebro más antiguo; que tiene el sello de toda la evolución humana. Mientras desarrollábamos el cerebro, la conciencia lógica, constituía la base de la supervivencia. La serotonina tiene aquí la función de regular los movimientos musculares peristálticos y amplificar las transmisiones sensoriales ‘básicas’, las cuales se relacionan en primer lugar con la supervivencia y, además, están vinculadas a la defensa, la intuición, el sexo, la nutrición y diversos deseos e impulsos (que con la evolución hemos aprendido a suprimir e ignorar).
“Gracias al cerebro de la cabeza hemos desarrollado una gran superioridad, pero en cambio, y contrariamente a los animales, nos hemos olvidado de escuchar al cerebro de la tripa. Es un cerebro con mucha capacidad. Por supuesto, no va a crear poemas o participar en debates socráticos, pero es muy intuitivo y perceptivo. La inteligencia del cerebro digestivo no pasa por el filtro de la conciencia ni de la voluntad ni de influencias externas, sino que ya está desarrollado mientras crecemos durante la infancia.




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El libro se lee en un abrir y cerrar de ojos, puedes leerlo en el baño sin complejos y es un práctico manual de uso en lenguaje comprensible de esos órganos ignotos que se empeñan en gestionarse según sus propios designios, muy permeables a nuestras emociones y donde se amplifican otras tantas sensaciones tan vitales como la intuición, la percepción, el miedo, el sexo? y hasta un 90% de la serotonina total del cuerpo. Todo eso que sentimos “en las tripas”.
Puedes ojearlo en su propia página: www.inteligenciadigestiva.com, donde además hay varios ejercicios de respiración y automasaje

Ha sido un placer poder charlar con Irina Matveikova

Belleza Pura (BP): Una de las cosas que más me ha sorprendido de su libro es conocer que el 90% de la serotonina se segrega en el intestino. Es un porcentaje francamente elevado. ¿Sería adecuado, entonces, sugerir una revisión del mismo en casos de depresión?

Irina Matveikova (IM): La serotonina del Sistema Nervioso Central (del cerebro superior), facilita la intercomunicación neuronal, es decir, una conexión rápida y adecuada entre todas las partes del cerebro, de modo que cumple diversas funciones. Una de las más destacadas es la de regular el estado de ánimo(la sensación de calma y de bienestar), el apetito, el sueño, la contracción muscular y además, y entre otras muchas utilidades, interviene en funciones cognitivas como la memoria y el aprendizaje.

A pesar de que en el cerebro sólo producimos el 10% de la serotonina corporal, está cantidad es de vital importancia para el ser humano y se muestra suficiente para mantener nuestra salud, bienestar y felicidad. La serotonina cerebral está generada en ?nuestra central? que la pone a disposición inmediata de todas las zonas cerebrales, de ahí que su liberación repercuta rápidamente en nuestra conducta, nuestro ánimo, nuestras emociones, etc. Cuando hay problemas con la producción/liberación de la serotonina y, sobre todo, cuando el tiempo de su acción interneuronal es demasiado corto, la persona experimenta síntomas muy variados que pueden resumirse en una sola palabra: la depresión.
Los psicofármacos que se prescriben de forma masiva para la depresión pertenecen al grupo de inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina. Estos medicamentos favorecen la comunicación neuronal prolongando la fase activa de esta hormona. Y es cierto que con aquella influencia psicofarmacológica conseguimos controlar la enfermedad y el ánimo del paciente.
Por increíble que parezca sabemos que el 90% de la serotonina corporal está producida y almacenada en el Sistema Nervioso Entérico, en ?nuestro segundo cerebro?, el digestivo. Esta hormona tiene aquí la función de regular los movimientos musculares peristálticos y amplifica las transmisiones sensoriales ?básicas?, relacionadas en primer lugar con la supervivencia, pero, además, vinculadas a la defensa, la intuición, el sexo, la nutrición y los diversos deseos e impulsos (que ya con la evolución hemos aprendido  a suprimir e ignorar). Esta cantidad lógicamente mayor, el 90%, de la serotonina del segundo cerebro también es de suma importancia.
Cuando hay problemas con la función neuronal digestiva y la producción de la serotonina por allí es escasa, la persona experimenta el estreñimiento, la digestión pesada, ?el estancamiento? y ?la pesadez? en  todos los niveles y sentidos. Los cuadros de la personalidad de éstas personas y sus manifestaciones cognitivas están ampliamente descritos en mi libro.
Por el contrario, cuando hay una producción y  una actividad elevada de serotonina en el sistema digestivo, alcanzando incluso un cierto desequilibrio y una reactividad / sensibilidad ?desbordada?, observamos, localmente,  los síntomas del Intestino Irritable con todo su abanico de manifestaciones.  Y, como también explico ampliamente en mi  libro, éstas personas que sufren ?estrés o neurosis digestiva?  tienen características psico-emocinales y conductas personales/sociales muy especificas.
Es fácil observar que las personas que padecen depresión, generalmente sufren estreñimiento y problemas digestivos, mientras que las personas con Síndrome de Colon Irritable tienden a la ansiedad, a los ataques del pánico, a los trastornos de atención y a la hiperactividad. Es decir, de igual modo que ocurre en nuestro cerebro, ocurre en nuestro intestino y viceversa.
Por supuesto, siempre existen casos que no encajan en estos patrones psicológicos.
Volvemos a los antidepresivos, que, como decimos ?tratan? y activan la serotonina del cerebro superior. Son fármacos selectivos, que se supone que influyen solamente en el sistema nervioso central. Sin embargo se ha observado que las personas que siguen un tratamiento con inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, en un principio mejoran bastante su función digestiva y se alejan del estreñimiento, lo que les alegra mucho.
Sin duda, es un efecto ?bueno? periférico del tratamiento con antidepresivos centrales. Desgraciadamente, lo que se ha observado es que con el tiempo la estimulación continua de la serotonina intestinal nos lleva a un ?agotamiento y resistencia? a nivel neuronal digestivo. Es decir, después de 3 ó 4 años de tratamiento continuo en dosis importantes con antidepresivos centrales, el paciente vuelve experimentar problemas digestivos y en una escala mayor, alcanzándose estreñimiento grave y trastornos digestivos.
Un gran desafío que interesa a la comunidad científica y a la industria farmacéutica es encontrar un inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina que pudiera funcionar exclusivamente en el nivel del segundo cerebro, el digestivo; sería una revolución en los tratamientos de las enfermedades funcionales del sistema digestivo y una apertura a los nuevos fármacos. Pero nuestro segundo cerebro no es fácil de controlar con fármacos. Es un ente rebelde y autónomo, quien guía nuestra intuición, percepción y otras sensaciones muy importantes.
En casos de un tratamiento prolongado de la depresión,es recomendable revisar la dosis del fármaco  y, quizás, variar o alternar con otro medicamento, aunque del mismo grupo, y, por supuesto, ¡todo bajo estricta coordinación psiquiátrica! Se cree que el cambio suave de la dosis y de la medicación previene problemas digestivos y la resistencias serotónica en el nivel intestinal. Además hay que recordar que este ?bienestar? y equilibrio emocional que uno recupera tomando antidepresivos es una oportunidad para re-cobrar la motivación y empezar a trabajar con el psicoterapeuta, resolviendo los problemas personales e implementando pequeñas diferencias en la actitud diaria.
¿Por qué no intentar liberar y activar nuestra propia serotonina digestiva de un modo más tradicional y sencillo?… El calor, un masaje suave y dulce de la tripa, la respiración abdominal, un ritual de meditación, los mimos, la acupuntura y?una buena alimentación pueden ayudarnos a obtener mucha serotonina sin contraindicación alguna!

BP: Aunque la dieta siempre ha de ser personalizada, ¿cuál sería la mejor para garantizar una digestión rápida y saludable? ¿Hay algún alimento que convenga evitar en todos los casos?

IM: Es cierto que la dieta de cada uno ha de ser personalizada. Eso no significa que todo el mundo tenga que visitar un profesional médico en Nutrición; con ?personalizar la dieta? me refiero a una atención plena y un respeto al sistema digestivo propio y a la calidad de la alimentación; se puede observar la forma particular de procesar y digerir los alimentos, tu ?carácter? digestivo, se puede aprender  sobre las situaciones emocionales y sociales  y/o las combinaciones de los alimentos que a cada uno le complican la  digestión. También resulta de gran utilidad saber tu capacidad metabólica (metabolismo basal) y la necesidad individual en el ?combustible?.
A pesar de todo, existen unas cuantas pautas y recomendaciones muy generales a tener en cuenta, tales como:

-       Comer despacio, masticar bien, fijarse en la comida y estar atento al proceso de comer ( no comer mientras hacemos otra cosa? sin tomar conciencia de lo que comemos y de cómo lo hacemos)

-    Desayunar bien, prepararnos un desayuno sano y completo como si de un ritual se tratara, combinando, en su justa medida, todos los grupos de alimentos: hidratos de carbono integrales, fruta, proteínas, aceite, etc.

-       Realizar 5 comidas diarias es lo ideal: tres principales y dos tentempié; es decir comer cada 4-5 horas. Eso permite consumir  raciones más pequeñas, evitar el hambre y la ansiedad relacionada, controlar la energía, además de prevenir los episodios de fatiga y cansancio.

-       No picar entre horas, sólo beber agua.

-       De postre no comer fruta, es preferible ingerirla en el desayuno y en los dos tentempié (media mañana y la merienda)

-        No empezar la comida con un aperitivo alcohólico, y aun menos con el estómago ?vacío?. Evitar especialmente la cerveza y si te apetece tomarla, trata de tomar antes algún entrante.

-       Cenar pronto e incluir siempre verdura variada, mejor cocida que cruda, pocos hidratos y cereales, y siempre algún alimento rico en proteína (150 gramos)

-       No consumir bebidas gaseosas con las comidas principales, pues, alteran mucho los procesos digestivos

En cuanto a si hay alimentos que se deban evitar siempre, no soy partidaria de los “frutos prohibidos?. De forma ocasional se puede probar cualquier alimento, pero aplicando el sentido común; por ejemplo, todos conocemos muchos productos dulces refinados, azucarados y con colorantes, como las chuches, los churros o productos de bollería que no aportan nutrientes importantes y que no pertenecen a ningún grupo de los alimentos sanos y de toma diaria. Pero si te apetece probarlos de vez en cuando sin cantidades excesivas, no tiene por qué caerte mal ni perjudicar drásticamente tu digestión. Y si te encuentras mal después de comerlo, saca tus propias conclusiones. Ocurre lo mismo con la comidas grasas: el chorizo consumiendo ocasionalmente unas lonchas es una forma y otra bien distinta un súper bocadillo, o un chorizo entero como aperitivo con pan, croquetas y ensaladilla rusa, más cerveza y después un plato principal! Como es lógico pensar, ese ?chorizo? termina siendo el culpable y ?el repetible?.  El cordero asado o el cocido madrileño son platos excepcionales que son bastante ricos en calorías. Hay que aprender a disfrutarlos como plato único con algo de verdura y sin entrantes ni postres y claro, sin abusar de las bebidas.

El origen de muchas molestias digestivas está en nuestra actitud y forma de comer y de emocionarnos con las comidas.

BP: ¿Es partidaria de la suplementación con multivitamínicos u otros elementos como el Omega 3? ¿Cuáles recomendaría?

IM:  En mi libro comento que con un aporte nutricional adecuado (acorde con la edad y la actividad), una digestión sana y una desintoxicación corporal rigurosa se pueden prevenir muchas enfermedades y frenar el proceso de envejecimiento. El problema es que no podemos cumplirlo y/o no estamos seguros de la calidad de nuestra alimentación, además de que nuestro estilo de nuestra vida diaria no es del todo sano.

Si una persona es consciente de que tiene una alimentación algo sosa y monótona y / o desequilibrada, si vive con mucho estrés, además padece yaalgunos trastorno o problemas digestivos o de cualquier otro sistema, en este caso no estaría nada mal considerar una suplementación funcional.
En medicina tenemos un nuevo término: nutraceúticos, que son productos naturales o químicos enriquecidos con algunas moléculas esenciales que producen un efecto beneficioso para el cuerpo.

La medicina convencional no  cuenta con muchos estudios científicos clínicos que comprueban firmemente la eficacia de los suplementos y de las multivitaminas. Sin embargo, desde punto de vista de la medicina integrada es lógico de vez en cuando ayudar a nutrir el cuerpo con suplementos naturales, rellenando los depósitos con las moléculas esenciales y recuperando algunas carencias.

Siempre recuerdo que el suplemento no puede sustituir al alimento pero sí que puede aumentar su capacidad nutritiva. No hace falta tomar suplementos de por vida, es muy recomendable cambiar la dosis, las formulas y los grupos de suplementos. Pero resulta imprescindible la supervisión profesional a la hora de elegir los suplementos y personalizar la dosis.

Casualmente estoy trabajando  en un nuevo proyecto que vamos a lanzar en la primavera de 2012. Se trata de una nueva página web interactiva y supervisada por un equipo médico y dedicada exclusivamente al tema de los suplementos naturales y los alimentos funcionales. La herramienta permitirá recibir una prescripción personalizada on-line.
Creemos que eso va a ayudar a difundir nuevos conocimientos sobre los nutracéuticos y orientar mejor al cliente en los múltiples opciones que ya están en el mercado.

¿Qué recomiendo con mayor frecuencia? Son  suplementos concentrados de los probióticos, omega 3 puro,  extractos de las plantas medicinales depurativas y antiinflamatorias, vitaminas divididas por los grupos en las dosis más altas si comparar con las multivitaminas, magnesio, calcio, selenio, zinc, etc. Es muy personal y requiere los conocimientos sobre la historia de cada paciente en particular.

BP: La hidroterapia de colon, ¿es recomendable para todo el mundo? ¿Cuántas limpiezas podría hacerse una persona sana a título preventivo?

IM: Para una persona sana es recomendable, a título preventivo, realizar una hidroterapia de colon al año. Con este procedimiento se limpia profundamente el sistema digestivo. La hidroterapia estimula todos los procesos digestivos enzimáticos, equilibra la microflora intestinal y asegura la prevención de patologías digestivas y del colon en particular.

Así, por ejemplo, previene la formación de los pólipos intestinales, los divertículos y el desarrollo del cáncer de colon. En los casos de colon irritable la hidroterapia de colon ayuda a controlar la enfermedad funcional y reducir la frecuencia de brotes agudos.
Para una persona con sobrepeso, los problemas de salud, especialmente metabólica, hormonales, auto inmunes o alergias, la desintoxicación digestiva anual (que incluye varias hidroterapias de colon, un drenaje hepático y la suplementación personalizada) asegura un control de la enfermedad y una significativa mejoría de la calidad de  vida.

El tema de la hidroterapia de colon y del tabú social relacionado con los intestinos está ampliamente presentada en mi libro y en nuestra página web www.hidroterapiadecolonmadrid.com

La hidroterapia de colon es una forma fácil y eficaz de cuidarse, eliminar  toxinas y prevenir las enfermedades y procesos degenerativos,  ayuda a aumentar la vitalidad y la energía, las defensas inmunes y a alcanzar un siempre deseable equilibrio energético. 

BP: ¿Cree en las dietas disociadas? ¿Qué opinión le merecen? Aparte de su éxito en algunas personas como método de adelgazamiento ?básicamente por la disminución de calorías-, ¿afecta al intestino recibir los hidratos separados de las proteínas o de las grasas?

IM: Es una dieta bien fácil de seguir, es hipocalórica y puede producir una perdida de peso rápida, y eso tiene una gran capacidad de motivación para la persona, porque a fin de cuentas el sobrepeso y la obesidad están vinculados a los problemas psico emocionales y una perdida rápida de los primeros 5 -7 kilos anima mucho a seguir adelante.




No hay mucha historia en la disociación de los alimentos, el objetivo final de la dieta esta en re-tomar el control sobre la elaboración de tus platos, ser muy consciente de que y cómo comes y reducir el valor energético de tus comidas.

La dieta disociada no corrige hábitos dietéticos desequilibrados, por eso puede producir el ’efecto rebote’ en cuando la dejamos.

La parte de la ?salida? y de la re-educación alimentaria (y psico-emocional) posterior es la más importante de cualquier dieta. Por eso en nuestra clínica dedicamos un tiempo especial al tema del mantenimiento, colaborando con distintos profesionales.

BP: Se acercan las navidades, fechas en las que las comidas copiosas no faltan en ninguna mesa. ¿Qué consejos podría darnos para sobrevivir a ellas?

IM: No conviene empezar con una cerveza como aperitivo y con el estómago vacío, ya que la maltosa de la cerveza se absorbe más rápido que la sacarosa del azúcar blanco y tiene un alto valor calórico (Índice Glucémico 110).

 El hielo y mucha bebida fría con la comida también inhibe la producción de las enzimas digestivas. Durante el picoteo intenta no mezclar las comidas y evitar el pan.

El plato principal: algo a la plancha con verdura, pescado a la sal, revuelto, sopa crema (asegúrate que no lleva nata), menestra, salmorejo, pastel de cabracho, paella de marisco etc.

No acompañar las carnes y los pescados con la patata ni arroz si no, mejor, con verdura.

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Existe una vinculación clara entre 
las bacterias predominantes en el intestino de una persona, 
la estructura de su cerebro
sus reacciones emocionales,

 sin que de momento se pueda determinar si es la microbiota intestinal la que condiciona que las personas tengan un determinado cerebro y mayor o menor sensibilidad a los impactos emocionales negativos o si es una determinada neurobiología la que modifica el tipo de bacterias que residen en el intestino de las personas.

Esto es lo que concluye un estudio que investigadores de la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA), publicaron a finales de junio en Psychosomatic Medicine: Journal Of Behavioral Medicine y que confirma en humanos lo que ya se había constatado en animales: 
la interacción entre la microbiota intestinal y las diferencias de comportamiento.

“En ratones se han visto señales claras de que la microbiota influye en el comportamiento, que condiciona la respuesta al estrés y la asunción de riesgos, y que el comportamiento también afecta a la microbiota, y la relevancia de este estudio es que da el salto a humanos y ve cambios parecidos a los observados en ratones, lo cual es prometedor para continuar investigando”, explica Roger Paredes, investigador del Institut de Recerca de la Sida, IrsiCaixa, que estudia la relación entre la microbiota y la infección por VIH.
Observan diferencias en la materia gris y blanca del cerebro de mujeres con enterotipo Prevotella y Bacteroide
Francisco Guarner, director del Área de Digestivo del Hospital Vall d’Hebron, investigador y y gran especialista en microbiota, resalta el gran interés que hay en determinar si modificando la microbiota se puede modificar la conducta –algo ya constatado en ratones– porque eso abriría nuevas oportunidades a tratar la depresión y otras enfermedades mentales.

De momento, lo que ha visto el grupo de investigadores de UCLA –entre los que figuran Kirsten Tillisch y Emeran Mayer–, mediante resonancias magnéticas del cerebro de personas con diferentes enterotipos –desde 2011 los expertos dividen a la población humana en tres enterotipos según las bacterias predominantes en su aparato digestivo– es que cada enterotipo va asociado a estructuras diferentes de la materia gris y la materia blanca del cerebro.

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Quién fue el Dr. Edward Bach?

Fue un hombre extremadamente sensible por el sufrimiento de sus semejantes y de los animales, quien además sentía una tremenda pasión por la investigación de la naturaleza. Edward Bach (1886-1936), se recibe de médico a los 26 años.

Posteriormente se dedica a la bacteriología y la investigación en el Hospital de la Universidad de Londres, después de varios años de trabajo descubre coexistencia de ciertos gérmenes intestinales con algunas enfermedades crónicas....................





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LA IMPORTANCIA DEL SEGUNDO CEREBRO
Todo indica que nuestra psique está controlada principalmente por el cerebro pero lo que es innegable es que los estados emocionales y los procesos nerviosos no racionales están muy influidos por el Sistema nervioso entérico –popularmente conocido como Segundo Cerebro- que es el que se encarga de controlar el sistema gastrointestinal –al que reviste- merced a sus cien millones de neuronas (una milésima parte de las que tenemos en el cerebro pero más de las que hay en la médula espinal). Lo que no es tan conocido es que en él se encuentran los mismos neurotransmisores que en el cerebro craneal y, sobre todo, que en las mucosas del sistema digestivo se produce ¡el 95% de la serotonina y el 50% de la dopamina del cuerpo! No es pues de extrañar que estudios recientes demuestren que muchos estados de irritación, emociones descontroladas, ansiedad, depresión, hiperactividad, anhedonia y otras anomalías de la conducta estén más relacionadas con la salud intestinal que con desequilibrios en los neurotransmisores cerebrales. Aunque los psiquiatras prefieran mirar hacia otro lado.
Hasta ahora se pensaba que todo lo relacionado con nuestros sentimientos, emociones y pensamientos -en suma, con nuestra conducta- depende de la mente, considerada erróneamente aún por muchos médicos sinónimo de cerebro. Por eso los estudios de los neurólogos se centran en el cerebro (consideran  la médula espinal un mero apéndice cuya función no es más que la de conducir los impulsos nerviosos aferentes -del cerebro hacia el resto del cuerpo- y deferentes -desde todo el organismo hacia el encéfalo- utilizando las llamadas fibras neuronales). En definitiva, una especie de ordenador central del que parte un complejo y larguísimo “cableado” que sirve para transmitir información a todo el organismo y a su vez recogerla, incluida la de los estímulos externos. Sin embargo este esquema simplista se desmorona en cuanto se tienen en cuenta dos cuestiones fundamentales que poco tienen que ver con las neuronas cerebrales: la existencia de un Sistema nervioso entéricoo cerebro digestivo -llamado popularmente el Segundo Cerebro- y la existencia de casi un centenar de distintos tipos de neurotransmisores que recorren nuestro organismo junto con la sangre llevando información de un lugar a otro que no sólo se generan en las áreas cerebrales y en las sinapsis neuronales sino en muchas de las células no nerviosas del organismo. A pesar de su nombre los neurotransmisores no son pues exclusivos del Sistema nervioso. Y lo más importante: prácticamente todas las células del cuerpo tienen receptores para los neurotransmisores (¡hasta los espermatozoides tienen receptores de serotonina!). Y eso quiere decir que la mayoría de las células del cuerpo son capaces de intercambiar información, de comunicarse unas con otras y de actuar, en consecuencia, ¡independientemente del cerebro y del Sistema nervioso central!

Pues bien, uno de los neurotransmisores más estudiados -se halla involucrado en muchos aspectos importantes de nuestra vida- es la serotonina que hoy se considera una de las claves de la conducta humana. De ahí que sea la base de la mayor parte de los fármacos utilizados por los psiquiatras y su abundancia se considere signo de salud. Es por ello hora de que se asuma algo que muchos desconocen: el 95% de ese neurotransmisor se fabrica ¡en los intestinos!

EL SISTEMA NEURONAL DEL APARATO DIGESTIVO

Hace tiempo se observó que si la conexión entre el cerebro y el Sistema nervioso entérico se interrumpía la función digestiva continuaba inalterada. Y que ello se debe a que el tubo digestivo está recubierto por unos cien millones de neuronas además de otras células especializadas que segregan neurotransmisores de importancia fundamental que actúan no sólo a nivel digestivo sino general y cuya producción afecta tanto a las emociones y sentimientos como a los procesos cognitivos. Lo explicaría en 1999 el Dr. Michael Gershon en su obra -no traducida al español- The Second Brain (El Segundo Cerebro) en la que definió los parámetros esenciales del Sistema nervioso entérico. Solo que desde entonces apenas se ha avanzado en el conocimiento de cómo funciona ni en el importante papel que juega en muchas patologías. “El estado del conocimiento sobre el Sistema nervioso entérico -denunciaría el Dr. Gershon en la Introducción de su libro-  ha sido hasta ahora típico del Medioevo”. Lo cual no impide que hoy sepamos que está formado por unos 100 millones de células nerviosas que tapizan las paredes del tubo digestivo y que puede ser incorrecta la convicción de que existen tres tipos distintos de neuronas entéricas -aferentes o sensitivas, interneuronas y neuronas efectoras o motoras- pues una revisión efectuada en el 2007 por los doctores D. Grundy y M. Schemann constataría que en realidad todas ellas tienen propiedades multifuncionales y responden al mismo tiempo que generan fuerzas musculares. Médicos que además averiguarían que esas neuronas -y los neurotransmisores que segregan- juegan un papel vital en muchos trastornos intestinales que hoy se consideran de etiología o causa desconocida.

Sabemos ya también que en el Segundo Cerebro –es decir, recubriendo los intestinos- hay no sólo neuronas sino glías que cumplen las mismas funciones que sus equivalentes en el encéfalo; solo que en mayor proporción -respecto a las neuronas- que en el cerebro. Por otra parte el Dr. Gershon determinó que entre las distintas células del tubo digestivo hay al menos siete tipos distintos de receptores de serotonina.

Asimismo explicaría que para controlar el complicado proceso digestivo el cerebro entérico utiliza dos tipos de células especializadas: unas localizadas en la mucosa denominadas neuronas primarias intestinales aferentes (IPANS) y otras situadas en capas más profundas denominadas enterocromafines (EC). Las primeras serían como células sensoriales -al estilo de las papilas gustativas- que controlan la consistencia, humedad, contenido en ácidos y glucosa, peso, volumen, etc, de los nutrientes que se van desplazando por el lumen intestinal siendo las segundas las que segregan la serotonina en respuesta a la estimulación de la mucosa. Segregación que origina a su vez la de otros neurotransmisores como la acetilcolina o la sustancia P que promueve los movimientos peristálticos. Y recuérdese que la liberación de serotonina es clave para iniciar o mantener tanto los movimientos peristálticos como todos los demás aspectos físicos y químicos del proceso digestivo.

Serotonina que una vez cumple su función debe ser neutralizada de lo cual se encarga la llamada proteína transportadora de la recaptación de serotonina (SERT por sus siglas en inglés) que también abunda en la pared intestinal. De hecho las personas que sufren alguna de las denominadas enfermedades inflamatorias intestinales tienen un importante déficit de serotonina siendo ello lo que provoca la excesiva presencia de la misma y lo que termina provocando esas patologías. Está por ejemplo demostrado que en los casos de Enfermedad Inflamatoria Intestinal que cursan con estreñimiento el uso de agonistas de la serotonina normaliza la motilidad intestinal y, por el contrario, que cuando hay diarreas persistentes un antagonista de la serotonina normaliza los intestinos disminuyendo el dolor y los cólicos.

Cabe agregar que si bien el volumen de producción de serotonina por el sistema digestivo es impresionante no menos notable es el de dopamina pues nuestros intestinos producen el 50% de este neurotransmisor y buena parte de al menos otros 30 neurotransmisores con influencia en el cerebro.

ACCIÓN DE LOS NEUTRANSMISORES SOBRE EL SISTEMA DIGESTIVO

Como se sabe la serotonina actúa como mensajero de control de la motilidad gástrica e intestinal así como de todo el proceso químico que tiene lugar en el tubo digestivo desde que los alimentos entran por la boca; está presente pues en todas las etapas de la transformación de alimentos en los nutrientes que luego atraviesan la pared intestinal hasta alcanzar los vasos sanguíneos y linfáticos.

Otro de los neurotransmisores que produce nuestro Segundo Cerebro es el ácido gamma-aminobutíricoo GABA de fundamental importancia en el control del esfínter esofágico. De hecho cuando hay déficit del mismo la válvula se relaja y se producen los famosos reflujos; además puede dar lugar a una hernia de hiato.

En cuanto a las funciones que desempeña la dopamina en nuestro sistema digestivo se sabe poco a pesar de que en él se produce el 50% de la que circula por el organismo; lo único que se ha averiguado es que disminuye la motilidad del intestino delgado y aumenta la del colon.

En cuanto a la norepinefrina-neurotransmisor característico del Sistema simpático- y la acetilcolina -su antagonista, característica del Sistema parasimpático- controlan la motilidad intestinal y un desequilibrio entre ambas puede dar lugar tanto a diarreas persistentes como a un estreñimiento crónico. Y es que el efecto contractivo sobre los músculos digestivos de la acetilcolina puede producir vómito o diarrea según sea la zona afectada.

La neurotensina es por su parte un neurotransmisor que controla la salida del bolo alimenticio del estómago y su ingreso en el duodeno junto con el control de la secreción de ácidos estomacales.

Cabe añadir que sobre el rol de los demás neurotransmisores o neuropéptidos algunos efectos son bien conocidos - el óxido nítrico relaja, el péptido intestinal es vasoactivoy la sustancia P transmite el dolor- pero al igual que en el caso de la dopamina no se sabe bien qué otros papeles juegan en el proceso digestivo. Ni qué rol exacto juegan en los intestinos los demás neurotransmisores que se producen en ellos.

Aunque quizás lo más sorprendente sea el hecho de que nuestros intestinos -o las bacterias de la flora intestinal- también producen benzodiacepinas, moléculas que muchos laboratorios farmacéuticos comercializan por ello como tranquilizantes. Son los casos -entre otros- de fármacos tan conocidos como Diazepam, Lorazepam, Librium, Valium… Descubrimiento reciente por lo que se ignora tanto su papel en los intestinos como su potencial acción sobre el cerebro.

EFECTOS DE ESOS MISMOS NEUROTRANSMISORES SOBRE EL ORGANISMO

Bueno, pues a pesar de todo lo que se ha avanzado en el conocimientos de los neurotransmisores son aún muchos los profesionales de la salud que creen que el Sistema nervioso entérico actúa sólo a nivel local y su único cometido es el de controlar el sistema digestivo. Cuando no es así ya que los neurotransmisores fabricados por las neuronas digestivas pueden acoplarse a los receptores de todas las células del organismo.

En cuanto a la serotonina hay que agregar que es probablemente el neurotransmisor con más propiedades del organismo y que muchos expertos la consideran la “hormona del bienestar” pues entre otras funciones regula el apetito, el deseo sexual, los biorritmos –es decir, los ciclos de sueño y vigilia-, las emociones y la temperatura del cuerpo. Además, junto a la dopamina, la adrenalina y la norepinefrina, del miedo, la ansiedad, la agresividady la depresión. Por eso un nivel bajo de serotonina se asocia a numerosas y variadas patologías; desde la fibromialgia hasta los cuadros de depresión o ansiedad.

En cuanto a los otrosneurotransmisores -neurohormonas o aminohormonas que reciben el nombre de catecolaminas-  conviene saber que la norepinefrina está considerada una de las hormonas del estrés por sus efectos hiperglucémicos y cardíacos, que la acetilcolina estimula la contracción de los músculos motoresy sin embargo tiene efecto relajante sobre el miocardio, que la dopamina se considera la hormona del placer y del refuerzo o recompensa -estimula la repetición de experiencias placenteras: comidas, sexo, drogas, etc., incluyendo el aprendizaje, la agresividad y el sometimiento- pero en exceso puede provocar taquicardia mientras su déficit se ha asociadoal parkinson y a problemas de coordinación motora. Es más, hoy muchos psiquiatras asocian el déficit de dopamina con todo tipo de disfunciones cognitivas: desde el Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) hasta la esquizofrenia y el autismo.

SALUD MENTAL Y SALUD INTESTINAL

En suma, el Segundo Cerebro no sólo influye en los aspectos funcionales del sistema digestivo sino que ya que fabrica los mismos neurotransmisores que el cerebro es lógico inferir que influye también en nuestros pensamientos, emociones y conducta. Los psiquiatras, sin embargo, prefieren mantener la tesis de que todos los problemas cognitivos los causan desequilibrios químicos de los neurotransmisores generados y alojados en el cerebro; probablemente porque de nutrición no saben prácticamente nada y sus protocolos farmacológicos actuales quedarían claramente en entredicho.

La teoría psiquiátrica de la serotonina fue de hecho la base para el desarrollo de un numeroso arsenal de fármacos que sólo ha servido -y sigue sirviendo- para que los laboratorios farmacéuticos se hinchen a ganar dinero tras poner en marcha agresivas campañas publicitarias -tanto a nivel profesional como dirigidas al público- que permitieran hacer creer que los denominados “recaptadores de serotonina” y los “inhibidores de las aminas eliminadoras de serotonina” son terapéuticamente eficaces en el tratamiento de numerosas patologías. Por supuesto, obviando que el 95% de la serotonina es fabricada en realidad por las neuronas del Segundo Cerebro y por tanto esos fármacos no sirven para ayudar a ningún enfermo sino más bien para empeorar su estado.

Y no lo decimos nosotros. Lo constató Irving Kirsch dándolo a conocer en un artículo publicado en el 2002 con el título Las nuevas drogas del Emperador en el que explicó que los efectos de tales fármacos en la conducta son en el mejor de los casos similares a los de un placebo. Hablamos de un conocido profesor de Psicología de la Universidad de Connecticut (EEUU) que junto a un equipo de colaboradores utilizó la Ley de Libertad de Información estadounidense para obtener la totalidad de los datos de los ensayos que los laboratorios farmacéuticos utilizaron para que la FDA aprobase la comercialización de sus antidepresivos y ansiolíticos -Prozac, Paxil, Celexa, etc.- llegando a la conclusión tras analizarlos exhaustivamente de que sólo en 20 de los 47 ensayos realizados con pacientes deprimidos las drogas parecieron lograr una mejoría superior a la del placebo usado. Número muy inferior al publicado.

Posteriormente, para acabar de demostrar su inutilidad, el doctor G. M. Mawe -de la Universidad de Vermont (EEUU)- explicaría que nuestros intestinos producen una proteína denominada proteína transportadora de la recaptación de serotonina (SERT por sus siglas en inglés) que ya se encarga de absorber y eliminar –como si de una gran esponja se tratara- el posible exceso de serotonina en ellos. Varios ensayos con ratones demostrarían de hecho que si hay un fallo en esa proteína se produce una excesiva concentración de serotonina en el lumen intestinal y ello dar lugar a una amplia gama de problemas, desde las temibles enfermedades inflamatorias intestinales hasta el desarrollo de condiciones favorables para la aparición de tumores malignos.

LAS BACTERIAS DEL SISTEMA DIGESTIVO Y LOS PROBLEMAS MENTALES

Los investigadores S. Collins y P. Bercik determinaron por su parte en un estudio publicado en Gastroenterology que las bacterias intestinales influyen efectivamente en la conducta. Algo que se sospechaba desde hacía tiempo dada la frecuente asociación entre la ansiedad y la depresión con patologías gastrointestinales.

Trabajando con ratones de laboratorio ambos investigadores observaron primero que cuando se alteraba su flora intestinal mediante antibióticos los ratones se volvían más cautos o ansiosos alterándose sus neurotrofinas u hormonas de la neurogénesis. Y, luego, que cuando se suspendía la administración de antibióticos orales y la flora bacteriana original se reponía tanto la conducta de los ratones como la química cerebral volvían a la normalidad. Para confirmarlo esos investigadores colonizaron ratones estériles –es decir, sin flora intestinal y genéticamente pasivos- con bacterias intestinales extraídas de ratones con conducta anómala y pronto comprobaron que se volvían más activos. Y, por el contrario, que ratones normales pero estériles se volvían pasivos si se colonizaba su flora intestinal con bacterias procedentes de ratones pasivos.

De ahí que infirieran que si bien son muchos los factores que influyen en la conducta no cabe duda de que uno de ellos es la estabilidad de la flora intestinal. Es evidente que los resultados de este estudio abren la puerta a investigar las relaciones entre el sistema digestivo, su flora bacteriana y las alteraciones conductuales. Aunque la mayoría de los psiquiatras, en un ejercicio de autismo voluntario, prefieran ignorarlo.

Aunque hay excepciones. Es el caso del Dr. Charles Raison, neurocientífico que dirige un equipo en la Universidad de Emory (EEUU) quien publicó un extenso trabajo de síntesis bibliográfica en Archives of General Psychiatry en el que expone las relaciones que distintos investigadores de todo el mundo han encontrado entre la flora intestinal, los procesos inflamatorios y la depresión. Según él los microorganismos que pueblan nuestro intestino son el resultado de un proceso evolutivo de millones de años y se relacionan con el Sistema inmunitario humano “educándolo” para que tolere una serie de estímulos no patogénicos y potencialmente proinflamatorios. Solo que si se rompe el equilibrio entre la flora intestinal y el Sistema inmunitario pueden producirse procesos inflamatorios iniciados hasta por estímulos aparentemente inofensivos. Es el caso de una alergia estacional -inflamación de los conductos respiratorios- producida por una sustancia normalmente inocua como el polen. Y en casos más preocupantes las que dan lugar a las llamadas “enfermedades autoinmunes”.  Para Raison, por ejemplo,la depresión es probable que se deba a una agresión de citoquinas proinflamatorias exacerbadas segregadas por células inmunitarias no atenuadas por la flora intestinal.

Hoy se sabeademás que los leucocitos tienen receptores para casi todos los neurotransmisores -en especial para la serotonina y la dopamina- y sin embargo nunca se ha seguido esta vía de investigación para relacionar las enfermedades mentales… ¡con el Sistema inmunitario! ¿Y por qué? A fin de cuentas muchas de las personas afectadas por problemas psíquicos muestran también los clásicos síntomas de las enfermedades autoinmunes: desde alergias hasta la llamada enfermedad de crohn o la esclerosis múltiple. Hoysabemos que la serotonina es el principal neurotransmisor que regula nuestras emociones seguido de la dopamina y que el 95% de la serotonina y el 50% de la dopamina que circulan por el organismo se produce en los intestinos… luego es inexplicable que los neurólogos y psiquiatras no relacionen ambos hechos y prefieran gastarse auténticas millonadas en investigar las funciones de las denominadas “áreas cerebrales”. Afortunadamente hay cada vez más investigadores que empiezan a darse cuenta de que de la salud del sistema digestivo dependen a menudo nuestras emociones,  pensamientos y conducta.

Ahora bien, dejemos claro que la salud del sistema digestivo y el funcionamiento óptimo del Segundo Cerebro no se refiere sólo al estado de los tejidos del tracto digestivo sino también a laabundante y variable flora intestinal. Y conviene incidir en este punto porque si bien las células del epitelio intestinal y su mucosa poseen un ADN definido cuyo genoma ha sido estudiado con bastante precisión en la flora intestinal hay un mínimo de 500 genomas distintos y cada uno de ellos puede fabricar valiosísimas proteínas que nuestro propio genoma no es capaz de sintetizar.

Y proteínas son las hormonas, los neurotransmisores, las enzimas y miles de moléculas más cuya ausencia o presencia, exceso o déficit, son fundamentales para la transformación de los alimentos en nutrientes.

Recordemos que toda la vida sobre el planeta -desde las plantas más sencillas hasta los animales más complejos- se valen de otros seres para sobrevivir. No hay vida sin simbiosis. Bacterias, hongos y parásitos intercambian moléculas unos con otros y se aseguran tanto su supervivencia como su capacidad para reproducirse e, incluso, para evolucionar y adaptarse a los cambios ambientales. Y el ser humano -como todos los animales- es el resultado de millones de años de evolución por lo que así como evolucionó su organismo evolucionaron junto con él sus microorganismos simbióticos; muy especialmente… ¡su flora intestinal!

Veamos para entenderlo mejor algunos ejemplos que constatan hasta qué punto los cambios en el equilibrio del sistema digestivo-flora intestinal pueden influir tanto sobre las disfunciones intestinales como sobre la salud mental. Relacionando incluso simples estados emocionales con las características de la flora bacteriana.

Una investigación publicada en el 2011 en Neurogastroenterology & Motilityefectuada conjuntamente por los doctores R. Diaz-Heijtz y S. Pettersson del Instituto del Cerebro de Estocolmo (Suecia) y el doctor M. L. Hibberd del Instituto del Genoma de Singapur comparó las conductas de ratones nacidos en condiciones normales con otros a los que desde su nacimiento se les había criado en un ambiente estéril -sin bacterias- y carecían de flora intestinal. Pues bien, pronto observaron que estos últimos mostraban una conductademasiado atrevida que les hacía correr riesgos innecesarios. Luego estudiaron sus cerebros y descubrieron que los segundos no expresaban ciertos genes relacionados con el aprendizaje, la memoria y el control neurosensorial. Era pues evidente que la ausencia de ciertas bacterias de la flora intestinal normal había provocado profundos cambios en su desarrollo neuronal. Por consiguiente las bacterias no sólo parecen regular la segregación de neurotransmisores -como la serotonina y la dopamina- sino incluso ¡la propia función sináptica! Claro que como ya hemos dicho la dopamina está considerada el neurotransmisor del aprendizaje y la recompensa y el 50% la produce el Sistema nervioso entérico o Segundo Cerebro.

En un ensayo de laboratorio realizado por el equipo del doctor J. Bravo -publicado en el 2011 en Proceedings of the National Academy of Sciences-se demostró asimismo que los ratones alimentados con Lactobacillus rhamnosus mostraban menores niveles de estrés, ansiedad y depresión que los alimentados con su dieta habitual; incluso se midió en sangre un menor contenido de cortisol, considerada la “hormona del estrés”. Aún más: comprobaron que los ratones alimentados con el probiótico mencionado mostraban cambios en la expresión de los receptores del neurotransmisor GABA de las neuronas cerebrales lo que implica que el desequilibrio de la flora intestinal puede afectar al funcionamiento del cerebro.

Otra excepción en el mundo de los neurólogos y psiquiatras lo constituyen la doctora L. Desbonnet y sus colaboradores del Departamento de Psiquiatría de laUniversidad de Cork (Irlanda). Estos separaron crías de ratones de sus madres -algo que ya se ha demostrado les provoca un fuerte estrés y depresión- y los dividieron en tres grupos: a los ratones de uno se les utilizó como control, a los del segundo se les dio un antidepresivo y a los del tercero se les alimentó con un probiótico: el Bifidobacterium infantis. Pues bien, la prueba demostró que los alimentados con el probiótico no solo habían reducido más su nivel de estrés que los que tomaron el antidepresivo sino que además normalizaron la respuesta inmune disminuyendo el número de citoquinas proinflamatorias.

El doctor E. Campioli y su equipo de la Universidad de Módena (Italia) llegaron por su parte a la conclusión -tras hacer varios experimentos con ratones- de que la flora intestinal produce importantes cantidades de benzodiacepinas y de que es posible regular su concentración en sangre suplementando simplemente la dieta con probióticos y prebióticos.

Posteriormente un equipo dirigido por el doctor A. V. Rao haría en la Universidad de Toronto (Canadá) un estudio con 39 personas afectas de fatiga crónica –el artículo se publicó en el 2009 en Gut Pathogen (BioMedCentral)- a los que se dividió en dos grupos a uno de los cuales se les dio un placebo y a los del otro un probiótico -el Lactobacillus casei Shirota (LcS)- durante dos meses. Bien, pues entre los que recibieron el probiótico se redujeron significativamente los índices de ansiedad y depresión demostrándose así de nuevo la clara influencia de la flora intestinal en los problemas psicoemocionales. Lo singular es que en la bibliografía de ese trabajo se habla de dos estudios publicados en 1909 y 1910 en los que ya se señalaba“la influencia de las bacterias del ácido láctico sobre la melancolía”. Siendo otro artículo interesante el del doctor G. Shera -publicado en 1930 en el Journal of Mental Science- ya que encontró en 53 pacientes con problemas mentales la ausencia de dos bacterias intestinales: la Streptococcus y la Acidophillus.

Debemos finalmente señalar que un grupo de científicos del Instituto de Neurobiología Max Planck de Munich (Alemania) dirigido por H. Wekerle realizó una serie de ensayos con ratones genéticamente modificados para que padecieran encefalomielitis alérgica que fueron después enviados a laboratorios de distintos países para que fuesen alimentados con diferentes dietas. Y el resultado fue que cada animal desarrolló una flora intestinal distinta lo que sin duda se debió a los diferentes regímenes; algunos incluso mejoraron de esa enfermedad. Claro que en realidad este hallazgo no difiere demasiado de lo que ya demostró la internacionalmente conocida doctora Katherine Kousmine en 1940 cuando sometió a ratones cancerosos a una dieta natural formada por aceite, granos de lino, pan integral, frutas y legumbres comprobando al cabo de unas semanas que el cáncer había remitido en el 50% de los animales. Y si bien la Dra. Kousmine no investigó la flora intestinal de los ratones sobrevivientes atribuyó la curación sin dudarlo “a la adopción de una dieta de productos vegetales y animales frescos y no contaminados por procesos industriales”.

En suma, según se desprende de lo expuesto la relación entre una buena salud mental y emocional y un sistema digestivo con una flora bacteriana normal y beneficiosa parece clara. Lo que aún desconocemos es cuáles son las sustancias psicoactivas que participan en el proceso. No sabemos exactamente si las bacterias regulan los neurotransmisores del Segundo Cerebro o bien si simplemente eliminan neurotoxinas que ejercen un papel de agonistas o antagonistas de los neuropéptidos que regulan nuestra conducta. Algunos investigadores prefieren proponer que el papel de las bacterias es simplemente el de permitir un proceso digestivo completo en el que se liberan todos los aminoácidos necesarios para el organismo así como las vitaminas y aceites esenciales que garantizan la vida; materias primas básicas para que nuestro cuerpo sintetice las hormonas, neuropéptidos y enzimas imprescindibles para conservar la homeostasis total: energética, psíquica, física y emocional.

En cualquier caso es cada vez más evidente que la salud depende de lo que bebemos e ingerimos. Y ello no excluye ni a las llamadas patologías mentales, ni a las autoinmunes, ni al cáncer.

Juan Carlos Mirre          discoverysalud.com

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