y la gripe, y el sida ......NO EXISTE EL CONTAGIO, NI SE TRASMITE DE UNA PERSONA A OTRA.
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El piojo es una especie única
dentro del reino animal: 31 marzo 2009 por Sr. Francisco Serrata
Redacción Internacional, (EFE).- Con el objetivo de desarrollar nuevos tratamientos contra la infestación de los piojos, un equipo de científicos australianos ha secuenciado el genoma de este molesto parásito y ha descubierto que su material genético es diferente al de todos los animales conocidos hasta la fecha.
La revista "Genome Research" publica hoy los resultados de la investigación desarrollada por expertos de la Universidad de Queensland y del J. Craig Venter Institute (Australia).
Para conocer mejor este animal y saber cómo se puede prevenir la infestación o luchar contra ella, los investigadores han analizado el material genético del "Pediculus humanus".
El equipo se sorprendió al descubrir que su ADN mitocondrial (mtADN), el material genético de las mitocondrias -orgánulos que generan energía para la célula-, está fragmentado en muchas partes, algo nunca visto en las secuencias de genoma animal practicadas hasta la fecha.
La mayoría de las especies del reino animal tiene un cromosoma circular mitocondrial, mientras que el mtADN del piojo chupador está partido en 18 minicromosomas.
Los minicromosomas múltiples se han encontrado en plantas y protistas (organismos unicelulares), pero esta es la primera vez que se descubre que un animal ha adoptado esta estructura de mtADN.
Los piojos masticadores, o "Mallophaga", que afectan a aves y otros mamíferos, no tienen el ADN mitocondrial fragmentado, lo que hace a los investigadores considerar que los cromosomas múltiples evolucionaron junto a la característica de alimentarse de sangre.
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Mitos sobre los piojos que hay que aclarar
Pueden saltar de una cabeza a otra, es peligroso acercarse a un niño que tenga piojos. No es cierto.
No está demostrado en absoluto que se contagien por la falta de higiene.Pueden encontrarse en cualquier tipo de pelo, con independencia de su tamaño o frecuencia de lavado.
El contagio puede venir de los animales. Tampoco está demostrado que los piojos de los animales se puedan transmitir a las personas.
Se nos ha dicho siempre que los piojos pueden detectarse muy rápido.
Pero la realidad es que la sensibilidad de nuestra piel a la saliva del
piojo puede tardar más de un mes en sentir los molestos picores. Es ese
tiempo, un piojo hembra ha podido poner hasta 10 liendres por día.
Los piojos pertenecen a épocas pasadas.
No es cierto.
Las cifras del Ministerio de Sanidad hablan de en la actualidad el problema sigue, y uno de cada cinco niños puede tener piojos a lo largo del curso.
Los cabellos grasos tienen menor propensión a tener piojos. Este mito sí es cierto.
Las sustancias grasosas que generan este tipo de cabello no están entre las preferencias de los piojos. De hecho hay aceites naturales, como el aceite de árbol del té con propiedades interesantes para mantener alejados de forma natural a los piojos.
Hay que lavar mucho el pelo
para que los piojos desaparezcan. Es falso.
Los piojos son muy
resistentes al agua, e incluso se dan contagios en las piscinas y
recintos acuáticos.
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El período estival es uno de los más críticos para contraer la afección de los piojos, sobre todo en los campamentos, las colonias y las piscinas. Un caldo de cultivo ideal para el contagio, ya que los niños comparten un mismo espacio y objetos personales. Por eso también es muy importante tomar medidas para prevenir el contagio de cara a la vuelta al cole en septiembre.
A pesar de tratarse de un problema social habitual, en general se sabe muy poco sobre ellos, porque es un asunto por el que se tiende a estigmatizar a los niños que lo padecen. En contra de la creencia popular, los piojos no pueden saltar, volar ni nadar y solo pueden adquirirse por contacto directo de cabeza a cabeza. Existe la falsa creencia de que su proliferación se debe a la falta de higiene, pero estos parásitos pueden aparecer en todas las circunstancias. Según una encuesta elaborada en 2018 por la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria y el Centro de Información de la Pediculosis, en el 40% de los hogares con niños en edad escolar se ha advertido la presencia piojos alguna vez. El principal problema de estos parásitos es que crecen y se multiplican muy rápido. Viven en la cabeza cerca de un mes y se aparean solo una vez, pero la hembra pone entre 5 y 10 huevos al día, que eclosionan y se convierten en piojos a los 7 días. Para evitar el contagio de los más pequeños, sobre todo durante los meses más calurosos, recomiendo seguir una serie de consejos que a lo largo de mi experiencia profesional he comprobado que son más efectivos.
En primer lugar, es importante llevar a cabo una labor de prevención. Para ello existen remedios naturales que funcionan como repelentes de piojos, como los aceites del árbol del té, de coco, de ylang-ylang, de neem y otras plantas aromáticas. También es muy importante desinfectar con agua muy caliente o alcohol todos los objetos susceptibles de transportar este tipo de insectos, como peines, gorras o toallas, y evitar, en la medida de lo posible, que el niño los comparta. En casa, es importante lavar frecuentemente las toallas, la ropa de vestir y la ropa de cama (almohadas, sábanas y colchas) a más de 60 grados.
Es importante también revisar el cabello periódicamente. La infestación por piojos causa picor e irritación en el cuero cabelludo; por lo tanto, si el niño se rasca mucho la cabeza, convendría realizar una inspección minuciosa. La lendrera, el tradicional peine de púas para piojos, resulta un elemento muy eficaz para esta revisión. Si a pesar de tomar todas estas medidas de prevención detectamos piojos vivos, es cuando entran en juego los tratamientos pediculicidas. En la actualidad, estos productos han evolucionado muchísimo, y en pocos minutos se puede acabar con los parásitos y las liendres sin tener que soportar malos olores o abrasiones en el cuero cabelludo. No obstante, todos los tratamientos deben repetirse a los 7-10 días, pues es el plazo en que los nuevos huevos tardan en eclosionar.
Lo importante está en saber diferenciar entre «tratar» y «prevenir». Todas estas recomendaciones no solo ayudarán a combatir los piojos este verano sino que prepararán el cabello de los más pequeños para la vuelta al cole tras sus vacaciones. El año escolar es muy largo y hay que prevenir y concienciar tanto a padres como a niños. Además, los padres juegan un papel muy importante, ya que deben ser quienes aconsejen a los más pequeños, sin presionarles, para que tomen las debidas precauciones y les informen si creen que alguno de sus amigos puede estar infectado.
Por cada célula que hay en nuestro cuerpo, tenemos 100 microbios de distintas clases que proliferan en la boca, los oídos, la piel, los órganos genitales y, sobre todo, en los intestinos.
En un adulto, la cantidad de microbios se aproxima a los 100 billones.
Aunque pueda sonar repulsivo, en realidad la mayor parte de estos microbios son inofensivos y aparentemente pasivos. Algunos nos resultan útiles y solamente una minoría son peligrosos: los microbios patógenos, es decir, los que causan enfermedades.
Por qué debemos cuidar de nuestros microbios
Cuando digo que la mayoría de estos microbios parecen pasivos, no es del todo exacto: en realidad, tienen la virtud (la mayoría) de que ocupan espacio, y con ello impiden que los microbios patógenos se instalen y se multipliquen. En este sentido, su presencia constituye un escudo defensivo que resulta imprescindible en nuestra vida. Por ello, lo peor que podría hacerse sería eliminar con lejía las bacterias que recubren alguno de nuestros órganos sensibles, como por ejemplo, los genitales o el intestino. Lejos de obtener una “limpieza total”, lo que conseguiríamos sería favorecer la aparición de nuevos invasores sin tener la certeza de que vengan con buenas intenciones. Así es como se producen las infecciones.
Por eso, resulta lamentable que llevemos más de un siglo dedicando tanto esfuerzo a matar microbios de forma indiscriminada a base de antisépticos, fungicidas y antibióticos, que no siempre son indispensables. (Nota: esto no es una crítica a los antibióticos, sino a su abuso).
Aunque no las veamos, aunque no las conozcamos, la mayoría de estas bacterias son nuestras amigas. Y tener 100 billones de amigos no es poca cosa.
Las bacterias del aparato digestivo se encuentran relacionadas de alguna
u otra manera con males como la esclerosis múltiple, el asma, alergias,
enfermedades cardiovasculares, cáncer, enfermedades neurodegenerativas y
diabetes
Millones de virus y bacterias caen del cielo cada día
Hasta las cumbres de Sierra Nevada llegan infinidad de microorganismos desde el Sáhara o el Atlántico
Cada día caen millones y millones de virus y de bacterias sobre la tierra que ocupa un simple metro cuadrado.
Lo han medido en las limpias cumbres de Sierra Nevada.
El estudio, ha permitido confirmar que infinidad de microorganismos recorren el planeta de un punto a otro viajando transportados por las corrientes atmosféricas.
Hace
más de una década, microbiólogos americanos encontraron secuencias
víricas idénticas en lugares tan dispares y distantes como
Además de los humanos, pocos seres vivos pueden ser tan universales.
Y
los virus no parecen uno de ellos. Aún entre los más cercanos hay
diversidad genética y son criaturas muy especializadas, infectando un
huésped determinado y no a otro.
En las aguas superficiales marinas hay 10.000 millones de virus por litro
El 10% del genoma humano esta compuesto por retrovirus endogenos
EL SEGUNDO CEREBRO:
1. Un sistema nervioso autónomo
"A
diferencia de cualquier otro órgano de nuestro cuerpo, nuestro
intestino puede funcionar solo. Tiene su propia autonomía para tomar
decisiones, no necesita que el cerebro le diga qué hacer", explica la
doctora Rossi.
Fuente de la imagen, Carlo107 / Getty Images
Pie de foto,
Si
le tienes miedo a una comida en particular y la comes, puedes
físicamente desarrollar síntomas intestinales, aunque no le tengas
alergia ni intolerancia, dice la doctora.
Lo que gobierna al intestino es el sistema nervioso entérico (SNE), que es una "sucursal" del sistema nervioso autónomo, encargada de controlar directamente el aparato digestivo.
Ese
sistema nervioso se extiende por el tejido que reviste el estómago y el
sistema digestivo, y tiene sus propios circuitos neuronales.
Aunque
funciona independientemente del Sistema Nervioso Central (SNC), se
comunica con él a través de los sistemas simpático y parasimpático.
2. El 70% de las células de nuestro sistema inmune vive en el intestino
Según Rossi eso hace que la salud de nuestro intestino sea clave para nuestra inmunidad ante las enfermedades.
La
especialista dice que las investigaciones más recientes sugieren que si
tienes problemas intestinales es más probable que seas más vulnerable
ante enfermedades comunes como una gripe, por ejemplo.
3. El 50% de las heces son bacterias
Fuente de la imagen, Thinkstock
Pie de foto,
Una
dieta variada ayudaDistintos microbios prosperan con distintos
alimentos y por eso el microbioma intestinal mejora con una dieta
diversa.
No son solo restos de comida: alrededor de la mitad de nuestras heces fecales son bacterias.
Muchas
de esas bacterias son buenas y por eso los trasplantes de heces pueden
ser una forma de tratamiento vital pata algunos enfermos con un
microbioma intestinal debilitado.
Por otro lado, hablando de heces, la BBC le preguntó a Rossi con cuánta frecuencia es normal ir al baño.
La
especialista contestó que de acuerdo a las investigaciones se considera
normal defecar desde 3 veces al día hasta 3 veces por semana.
4. Cuanto más diversificada la dieta, más diverso el microbioma
En nuestro intestino viven trillones de microbios, a los que les gustan distintos alimentos.
Estos
microbios son clave para la digestión porque su actividad le permite a
nuestro cuerpo absorber ciertos nutrientes de los alimentos.
"A mi me gusta decir que los microbios son como nuestras pequeñas mascotas internas, así que las quieres cuidar y nutrir", dice la especialista.
Fuente de la imagen, JONGHO SHIN / Getty Images
Pie de foto,
Las personas que siempre comen lo mismo tienen un microbioma intestinal más pobre que las que siguen una dieta diversificada.
Distintos microbios prosperan con distintos alimentos y por eso el microbioma intestinal mejora con una dieta diversa.
Un
microbioma rico y variado está asociado a una mayor salud intestinal,
según Rossi, y en consecuencia a un mayor bienestar general.
Por otro lado, las personas que siempre comen lo mismo tienen un microbioma más pobre.
5. Tu intestino está ligado a tus niveles de estrés y a tu estado de ánimo
Si tienes problemas intestinales, según Rossi, "algo clave que necesitas hacer es observar cuánto estrés tienes".
"En
mi práctica clínica yo siempre le digo a los pacientes que hagan 15 o
20 minutos al día de meditación. Después de hacerlo a diario durante
cuatro semanas, y de convertirlo en un hábito, veo que solo con eso ya
mejoran los síntomas".
Así que "desestresarse es muy, muy importante", dice la especialista.
Es interesante también pensar que la mayoría de la serotonina del cuerpo, se estima que en torno al 80% o 90%, se encuentra en el tracto gastrointestinal.
La serotonina es un neurotransmisor que
afecta a muchas funciones corporales, como el peristaltismo intestinal.
También está asociada a muchos trastornos psiquiátricos. Su
concentración puede verse reducida por el estrés e influye en el estado
de ánimo, la ansiedad y la felicidad.
Varios
estudios con humanos y animales han mostrado evidencias de diferencias
en el microbioma intestinal de los pacientes con trastornos mentales
como la depresión.
Por eso una área incipiente de investigación psiquiátrica tiene que ver con la prescripción de "psicobióticos": en esencia un cóctel probiótico de bacterias saludables, para mejorar la salud mental.
6. Si te da miedo un alimento, sentirás que te hace daño
Fuente de la imagen, Getty Images
Pie de foto,
Las neuronas no están solo en nuestros cerebros.
Es
cierto que hay unos intestinos más sensibles que otros, pero según la
doctora Megan Rossi hay investigaciones recientes sorprendentes que
sugieren que si le tienes miedo a una comida en particular y la comes,
puedes físicamente desarrollar síntomas.
"En la clínica veo constantemente cómo las creencias pueden desencadenar problemas intestinales".
Hay
mucha gente que cree, a veces por una moda pasajera, que el gluten o la
lactosa les va a hacer daño, sin que tengan realmente una alergia o una
intolerancia.
7. Tú puedes mejorar tu salud digestiva y tu microbioma intestinal
Según Megan Rossi estas son algunas acciones que puedes tomar para mejorar tu salud intestinal:
Seguir una dieta diversa para diversificar el microbioma intestinal
Bajar el nivel de estrés, haciendo meditación, relajación, mindfulness o yoga
Si
ya tienes síntomas de algún problema intestinal es mejor evitar el
alcohol, la cafeína y las comidas picantes porque pueden exacerbarlos.
Trata
de dormir mejor: un estudio demostró que si cambias o interrumpes el
reloj biológico alterando tus patrones de sueño, también interrumpes el
de los microbios de tu intestino, y lo que quieres más bien es mimarlos.
La microbiota intestinal, el foco de nuestra salud
Entre estos microbios, los más numerosos e importantes para la salud son las bacterias y levaduras que viven en el intestino en relación simbiótica (es decir, estableciendo entre ellos una relación de ayuda mutua) y que constituyen la “microflora intestinal”, o “microbiota”.
Antes de profundizar en la cuestión, debo advertir a mis estimados
lectores que los conceptos que vamos a tratar se encuentran en la
vanguardia de los conocimientos científicos actuales, lo cual me
obligará a ser prudente.
Se trata de un ámbito extremadamente complejo y
muy prometedor para la medicina del siglo XXI por las interacciones que
tienen lugar entre el organismo y las cantidades ingentes de bacterias
que evolucionan con gran rapidez. Además ocurre en un entorno que
resulta difícil reproducir, pues no es posible reproducir in vitro (en
el laboratorio), lo que sucede en el intestino, y hacer observaciones in
vivo (dentro de una persona viva) resulta muy complicado. Así pues, el
conocimiento en el campo de las bacterias intestinales está avanzando de
manera lenta e incierta.
Breve recordatorio sobre la estructura de los intestinos
Los intestinos son un tubo largo recubierto de una mucosa denominada
epitelio intestinal que, a su vez, se compone de una fina capa de
células, los enterocitos. Su estructura en forma de ribete en cepillo
(una especie de terciopelo en el que cada pelo recibe el nombre de
vellosidad intestinal) aumenta considerablemente la superficie de
intercambio. Efectivamente, el epitelio intestinal es el que permite los
intercambios entre el exterior y el interior de nuestro cuerpo.
Sí, ya sé que resulta curioso pensar que lo que sucede dentro de los
intestinos tiene lugar en el exterior del cuerpo, pero es un hecho:
hasta que los nutrientes no atraviesan la pared intestinal para llegar a
la sangre, éstos permanecen en el exterior del cuerpo; al igual que el
aire que entra en los pulmones se queda en el exterior hasta que penetra
en la sangre. La diferencia entre los intestinos y los pulmones es que,
en el caso de estos últimos, lo que no se absorbe vuelve a salir por el
mismo conducto (la boca).
Si se desplegase la superficie extendida de las vellosidades del
epitelio intestinal, podría cubrirse la superficie de una cancha de
tenis. Además, aunque esta mucosa es muy fina, es muy resistente, y
prueba de ello es que a lo largo de una vida se estima que pasarán a
través de ella al menos 50 toneladas de alimentos. Además, apenas tiene
irrigación de vasos sanguíneos.
Las bacterias protegen y nutren el epitelio
El secreto de la resistencia e integridad del epitelio intestinal reside
en que está recubierto de microbios que lo protegen y alimentan. Son
centenares de especies de bacterias y levaduras las que constituyen la
microbiota.
La microbiota se nutre, entre otras cosas, de fibras, que son elementos
que se encuentran en nuestra alimentación, pero que no podemos ni
digerir ni absorber.
Las fibras se encuentran de forma abundante en todas las frutas y
hortalizas. Resultan indispensables, por una parte, porque regulan el
tránsito intestinal y, por otra, porque son necesarias para el
mantenimiento del epitelio intestinal. A las bacterias y levaduras que
recubren la mucosa intestinal les encantan las fibras. Realmente, las
bacterias y levaduras fermentan las fibras para degradarlas y
absorberlas. Este proceso acarrea la producción de ácidos grasos de
cadena corta que, aunque parezca un milagro, son precisamente el
alimento del que se nutren las células del epitelio. Así pues, favorecen
su mantenimiento y, cuando se deteriora, permiten su reparación.
Como podrá observarse, todos salen ganando con la operación: tanto las
bacterias y levaduras como las células de los intestinos. Se habla por
tanto de microbios mutualistas o de simbiosis, a diferencia de los
microbios parásitos, los cuales simplemente se benefician sin dar nada a
cambio.
Estos microbios también nos benefician
Y eso no es todo: de los beneficios obtenidos de la colaboración entre
la microbiota y las células intestinales (enterocitos) también hay otros
beneficiados: ¡nosotros!
En efecto, el intestino produce ciertos neurotransmisores, como es el
caso del 95% de la serotonina (la hormona de la felicidad), de ciertas
enzimas (peptidasas y lactasa) y de vitaminas (sobre todo B12 y K), así
como de numerosas moléculas mensajeras del sistema inmunitario (ARNm).
Estas sustancias pueden influir en el estrés que padezcamos e incluso
determinar nuestro carácter. Y prueba de ello es que si se le practica
un trasplante de microbiota intestinal de un ratón aventurero a los
intestinos de un ratón temeroso, éste último se vuelve más valiente. La
expresión “tener redaños para algo” es, por tanto, literalmente cierta
(“redaño” es lo mismo que “mesenterio”, un repliegue del peritoneo). Los
fieles lectores de Tener S@lud ya conocen sobradamente el axioma Estómago = Mente.
Por otra parte, estas bacterias parecen ser capaces de producir
compuestos químicos que regulan el apetito, la digestión y la sensación
de saciedad.
Investigadores de los Países Bajos descubrieron que, al trasplantar la
microbiota de ratones delgados en los intestinos de ratones con síndrome
metabólico (obesidad, diabetes e infecciones vinculadas a la
disminución de la sensibilidad a la insulina), se observaba un aumento
pronunciado de la sensibilidad a la insulina de los ratones enfermos y,
por tanto una mejora de su estado.
Las bacterias intestinales mal alimentadas causan enfermedades
Si las bacterias del intestino no reciben las fibras que necesitan para
regenerarse, producen menos alimento para el cuidado de nuestro
epitelio. Además, nos quedamos sin una parte de las sustancias
beneficiosas que producen, que son aquellas a las que nos acabamos de
referir (serotonina, enzimas, vitaminas...).
Si no se alimenta bien el epitelio intestinal, puede sobrevenir un
aumento de la permeabilidad intestinal, en concreto en aquellas personas
con intolerancia al gluten y a las proteínas de la leche de vaca. Las
bacterias patógenas, proteínas e hidratos de carbono que no se hayan
digerido adecuadamente pueden pasar a la sangre y desencadenar
reacciones inmunitarias adversas. La consecuencia de ello es una
inflamación crónica que, con el tiempo, puede provocar la aparición del
síndrome metabólico, además de numerosas enfermedades crónicas
vinculadas, como la colopatía funcional, enfermedades cardiovasculares,
diabetes de tipo 2 e incluso cáncer.
Los investigadores han demostrado, además, que el intestino es
anormalmente permeable ante casos como la enfermedad de Crohn, la
espondilitis anquilosante, la artritis reumatoide, la diabetes de tipo 1
y, probablemente, ante la mayoría de las enfermedades autoinmunes.
El cuidado de la microbiota empieza desde el momento del nacimiento
Mientras estamos dentro del vientre materno, tanto el tubo digestivo como la piel están esterilizados.
Sin embargo, el bebé que nace por parto natural va recogiendo a su paso
las bacterias de la madre, que no tardarán en colonizar la piel, la
boca, las mucosas y los intestinos. Si nace por cesárea, serán las
bacterias del entorno hospitalario (las de las manos del personal
sanitario y las de quienes transitan por los pasillos del hospital) las
que se instalen en esas mismas zonas. Todas estas cepas bacterianas,
lógicamente, presentan riesgos para el bebé.
Los estudios realizados a bebés han permitido un hallazgo fundamental en
relación con la microbiota. Durante años, los investigadores
nutricionistas se han sorprendido por la presencia, en la leche materna,
de ciertos hidratos de carbono complejos, los oligosacáridos, que los
bebés no pueden digerir por falta de enzimas adaptadas. Resultaría muy
sorprendente que la madre naturaleza que, en general, lo tiene todo
previsto, desperdiciase los valiosos recursos nutritivos de la madre
aportándole al bebé alimentos que no puede digerir.
Los investigadores se dieron cuenta de que estos particulares
oligosacáridos no están ahí para alimentar al bebé, sino para alimentar a
las bacterias del género Bifidobacterium (en concreto, el Bifidobactarerium infantis), especialmente adaptadas a los oligosacáridos presentes en la leche materna.
Cuando todo va bien, estas bifidobacterias proliferan e impiden que
huéspedes menos deseables se instalen y nutren el epitelio intestinal de
los niños. Estos oligosacáridos son, por tanto, prebióticos; es decir,
son alimento para la microbiota.
Dado que los productores de leche materna no han tenido en cuenta
durante mucho tiempo estos hallazgos, no han añadido ni prebióticos ni
probióticos a sus preparados, lo cual perjudica la calidad de la
microbiota y la inmunidad de los niños alimentados con biberón.
Esto, al igual que los partos por cesárea, podría explicar el aumento de
los casos de alergias (eccemas), asma, inmunodeficiencia e incluso
enfermedades degenerativas en los recién nacidos
La importancia de los “juegos sucios”
Los niños no tardarán en atraer todo tipo de bacterias con
comportamientos de sobra conocidos por todos los padres, como llevarse a
la boca todos los objetos que encuentran (incluidos los desperdicios
que hay en los parques públicos), y hasta la basura doméstica.
Es cierto que este acto reflejo asusta a los padres y, por supuesto,
evitarán que sus hijos se lleven a la boca objetos muy sucios o
productos peligrosos. De todas formas, si la microbiota se va
enfrentando gradualmente a bacterias oportunistas o ligeramente
patógenas, desarrollará una madurez inmunitaria que le permitirá
resistir con mayor eficacia futuras agresiones. Este proceso es similar a
la madurez psicológica de un niño que se enfrenta en sus distintas
etapas a las dificultades de la vida.
A partir de los tres años, la microbiota del niño, aunque es muy
específica, se corresponde en parte con la de sus padres e incluso con
la de quienes viven bajo el mismo techo y se sientan a la misma mesa.
Aunque aun puede evolucionar, será difícil que lo haga. Introducir una
nueva cepa bacteriana en la microbiota viene a ser algo así como
introducir una nueva especie en una selva que ya ha alcanzado su pleno
desarrollo: en principio, todos los espacios libres están ocupados y al
recién llegado le resulta muy difícil encontrar sitio.
En general, esto
sucede únicamente a raíz de una tormenta grave, por ejemplo, si la
microbiota es diezmada por un tratamiento con antibióticos, si resulta
modificada por una enfermedad infecciosa, si el germen recién llegado es
particularmente poderoso o el terreno o la alimentación específica del
niño le son propicios, como es el caso del hongo Candida albicans en los niños que ingieren mucho azúcar (caramelos).
Los más perjudicados, los habitantes de las ciudades
Como cabría esperar, los habitantes de zonas rurales tradicionales, que
están en contacto con los animales, la tierra y las plantas y que
ingieren productos no transformados y sin esterilizar tienen una
microflora intestinal más rica y más eficaz que la población de los
países industrializados que vive en oficinas y se alimenta de platos
precocinados recalentados en el microondas.
Así pues, la consecuencia es que en occidente los intestinos de quienes
allí viven están peor protegidos y, por tanto, son mucho más sensibles a
las infecciones y a las enfermedades autoinmunes. Son, por
consiguiente, menos resistentes a las bacterias patógenas.
Por ejemplo,
cuando con 19 años hice mi primer viaje a Pakistán, contraje una
infección intestinal prácticamente en el mismo momento en el que las
ruedas de mi avión tocaron la pista del aeropuerto internacional de
Karachi. Sin embargo, hay 170 millones de pakistaníes que viven en el
país y no todos están enfermos; lo que sucede es que sus intestinos
están mucho mejor defendidos que los nuestros por haber adquirido una
inmunidad más eficaz y al haber estado frecuentemente en contacto con
bacterias oportunistas y patógenas mucho más variadas.
Cambiar los microbios
Hoy en día los médicos cuentan con la posibilidad de realizar
trasplantes de microbiota. En realidad, se trata de extraer las heces
del colon de una persona (sana) con el fin de introducirlas en el colon
de una persona enferma. Se ha comprobado la eficacia de esta práctica en
el tratamiento de personas infectadas por una bacteria patógena que se
ha hecho resistente a los antibióticos, la Clostidrium difficile,
causante de una enfermedad infecciosa que se ha triplicado en diez años
en Estados Unidos y que se asocia a 14.000 muertes al año. En Canadá se
ha cuadruplicado desde 2003.
Pero, antes de recurrir a medidas extremas, podemos seguir también una
serie de hábitos respecto a nuestro modo de vida para recuperar una
microbiota de calidad que nos proteja eficazmente de los ataques
bacterianos, cuide nuestra inmunidad intestinal y disminuya el riesgo de
enfermedades cardiovasculares, diabetes de tipo 2 y cáncer:
Antes de tomar antibióticos, hay que asegurarse con el médico o el
terapeuta que es indispensable y que no hay otra solución para tratar la
enfermedad o el problema que padezcamos.
No abuse de los productos de limpieza domésticos. Nuestro
entorno debe estar limpio; pero hay que evitar que esté demasiado
esterilizado.
Evite los limpiadores antibacterias, sobre todo, las soluciones
de limpieza para las manos que se encuentran hoy en día por todas
partes (a menos, claro está, que por su profesión -dentista, cirujano,
enfermero, etc.- se vea obligados a ello o exista riesgo de epidemia).
Deje que los niños jueguen al aire libre y acaricien a los
animales. Haga jardinería. Retome el contacto físico con la naturaleza.
Consuma alimentos prebióticos, ricos en fibras, para nutrir la
microbiota: leguminosas (alubias, garbanzos, lentejas, etc.), cereales
integrales (arroz, espelta, avena, etc.), cebollas, puerros y otras
hortalizas, aguacates, plátanos, peras y otras frutas de temporada.
Disminuya el consumo de comida rápida, ya que son alimentos
que, además, se digieren mal. Muchos alimentos modernos, ricos en grasas
saturadas y almidón, apenas contienen fibras y no ofrecen por tanto
nada interesante para que fermente en el intestino grueso, por lo que
nuestras amigas las bacterias se debilitarán.
No abuse de los medicamentos antiinflamatorios no esteroideos (ibuprofeno, aspirina, etc.), ya que aumentan la permeabilidad.
¿Problemas digestivos recurrentes? Regenere la microbiota cuanto antes
En caso de que tenga problemas digestivos desde hace tiempo
(estreñimiento, diarrea, alternancia de ambos, hinchazón abdominal,
gases fétidos…), es el momento de preocuparse de regenerar la microbiota
mediante un tratamiento específico. Porque no hay que olvidar que es la
salud de los intestinos la que determina, al fin y al cabo, la salud de
todo el cuerpo, incluido el estado de ánimo.
Pero eso no se improvisa. Sin embargo, las investigaciones de estos
últimos 30 años han permitido definir cuáles son las bacterias y sus
factores de crecimiento indispensables para llevar a cabo esta sagrada
tarea de protección.
En primer lugar, es imprescindible aportar un surtido de bacterias
lácticas que restaure la microflora de protección intestinal. Estas
especies bacterianas, compatibles entre sí y con capacidad de
desarrollarse in vivo, pertenecen principalmente a los géneros
Lactobacillus y Bifidobacterium.
Estas bacterias, por beneficiosas que sean, se encontrarán
desamparadas en su nuevo territorio y no podrán desarrollarse de forma
armoniosa en él, a no ser que lleguen acompañadas de sus factores de
crecimiento metabólico. Por tanto, es preciso prever su alimentación
(con los prebióticos) a fin de que les proporcione los ingredientes
necesarios para su crecimiento en el medio intestinal: oligosacáridos,
colágeno, aminoácidos, lactoferrina y los cofactores vitamínicos (del
grupo B) y minerales (magnesio, manganeso…).
Aportar bacterias protectoras y favorecer su desarrollo son las
dos primeras etapas que determinan la regeneración de la microbiota;
pero también es preciso regenerar el epitelio intestinal, que debe
formar de nuevo una barrera infranqueable e impermeable frente a los
diversos agentes dañinos o patógenos. Para ello es necesario aportar
agentes reparadores como la glutamina, fosfolípidos, colágeno, vitaminas
del grupo B, C, E y carotenoides.
El medio intestinal constituye la primera línea de defensas
naturales del organismo. Por ello, conviene estimular la inmunidad
gracias a una selección de nutrientes: las bacterias amigas o las
inmunoglobulinas de calostro contribuyen a la resistencia natural del
intestino frente a las agresiones del entorno. De igual manera, los
oligoelementos (cobre, selenio, zinc), las vitaminas A, B6, B9, B12 y C
participan en la actividad normal del sistema inmunitario.
Por último, conviene estimular el metabolismo general mediante
nutrientes en sus formas adaptadas: oligoelementos, vitaminas, coenzima
Q10 y aminoácidos azufrados. Realmente, si el organismo está falto de
vitalidad y de minerales y ha pasado meses o años con digestiones
difíciles, no permitirá que se realice una buena labor de regeneración
del aparato digestivo.
Estos prebióticos, probióticos y nutrientes específicos pueden encontrarse en establecimientos ecológicos serios.
No hay que olvidar que «la muerte comienza en los intestinos» y que una
mala digestión acaba, a largo plazo, destruyendo el organismo y
allanando el terreno a enfermedades aun peores.
¡A su salud! Juan Dupuis
******************************
TRASPLANTE DE HECES:
En EE.UU. hay cada vez más doctores que se interesan por el procedimiento.
Trasplantar heces de una persona a otra. Imaginarlo puede revolver el estómago, pero de hecho, es una operación que salva vidas.
Algunos médicos están usando este procedimiento para repoblar el intestino con bacterias sanas, que pueden reducirse como causa de algunas enfermedades.
Dice que debería ser usado, pero solo como último recurso.El doctor Alisdair MacConnachie cree que es el único médico de Reino Unido que lleva a cabo el procedimiento, para tratar la infección de Clostridium difficile.
La lógica es simple.
La infección de C. difficile surge cuando los antibióticos destruyen grandes cantidades de bacterias en el intestino. Le da a las bacterias C. difficile sobrevivientes espacio para multiplicarse y producir masas de toxinas que producen diarrea y pueden ser fatídicas.
El primer remedio, suministrar antibióticos al paciente, no siempre funciona y algunos sufren infecciones recurrentes.
La teoría del trasplante de heces consiste en que al añadir más bacterias al intestino, estas competirán con las bacterias C. difficile y controlarán la infección.
El doctor MacConnhachie, adscrito al Hospital General Gartnavel de Glasgow, ha realizado 20 operaciones de este tipo desde su primera en 2003.
"Al final, todos los pacientes a los que he tratado excepto uno se han curado de la infección", asegura.
El procedimiento
Si no funcionan los tratamientos comunes, al paciente se le recetan antibióticos hasta la noche de antes de la operación.
La mañana de la operación, el donante llega al hospital y produce una muestra.
Se prefiere que el donante sea familiar y que resida con el paciente porque es más probable que tengan la misma flora intestinal al comer el mismo tipo de comida y vivir en el mismo ambiente.
El personal médico toma 30 gramos de heces y lo mezclan en una batidora con agua salada. Luego es vertido a través de un filtro de café y el resultado es una sustancia muy acuosa.
El doctor MacConnachie inserta un tubo por la nariz del paciente que llega hasta el estómago. Otros doctores usan otras rutas para llegar al intestino.
A continuación, el doctor vierte 30 mililitros del líquido por el tubo.
"En mi opinión esta técnica debe ser usada en pacientes que han intentado todos los tratamientos tradicionales", subraya el doctor MacConnachie.
"Si un paciente no mejora y sigue teniendo la infección, entonces se encuentra en un gran problema porque no existe ninguna otra técnica o tratamiento que haya probado mayor eficacia que el trasplante fecal".
Le pregunté por qué, si eso es verdad, no hay más doctores en Reino Unido que opten por ese procedimiento.
"Es una técnica que es conocida, pero creo que hay gente a la que le asusta".
"Suena asqueroso y es asqueroso y creo que hay médicos a los que les disgusta el mero hecho de abordar el asunto con sus pacientes".
Eso no es un problema para el profesor Lawrence Brandt, un gastroenterólogo del neoyorquino Centro Médico Montefiore, que dice que recibe entre dos y cuatro correos electrónicos al día de gente interesada en un trasplante.
Hasta ahora ha operado a 42 pacientes.
Recuerda a la primera de ellos, en 1999. "Ella me llamó seis horas después del trasplante fecal y me dijo que no sabía lo que le había hecho, pero que no se había sentido tan bien en seis meses y de hecho, nunca más tuvo infección de C. difficile".
Dice que al igual que los pacientes, en EE.UU. hay cada vez más doctores que se interesan por el procedimiento.
"En los próximos seis o doce meses, esto va a ser la cosa más emocionante que va a pasar en el mundo de la gastroenterología. Cambiará la manera en que es tratada la infección de C. difficile y también muchas otras enfermedades".
Él cree que puede ser aplicado, entre otras, contra el síndrome del intestino irritable y la diarrea. "Parece una técnica muy buena contra una gran variedad de enfermedades", afirma.
¿Prueba?
La eficacia del trasplante de heces solo ha sido estudiada en casos singulares de infecciones severas de C. difficile.
Ha sido eficaz en el 90% de los casos reportados. Sin embargo, eso no es suficiente para que se generalice la técnica.
Para ello, el procedimiento debería ser probado en un ensayo clínico aleatorio. Un grupo de pacientes es tratado con la terapia real y otro con un placebo. Luego, los resultados son comparados.
Hasta que no se realice uno de esos ensayos, será difícil que esta técnica alcance una aceptación generalizada.
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El origen insospechado de la dolorosa e incurable artritis reumatoide
Al
igual que otras devastadoras enfermedades como las esclerosis, la
fibromalgia, la artritis o el asma tiene un origen autoinmune.
¿Está la flora
intestinal detrás?
Se calcula que aproximadamente el 1% de la población mundial padece algún tipo de artritis reumatoide:
una inflamación persistente de las articulaciones que acaba por
destrozar éstas. Se trata de una enfermedad conocida desde hace siglos;
aunque no fue definida como tal hasta 1900 de manos del médico francés Augustin Jacob Landré-Beauvais, enfermedades semejantes son nombradas ya por Hipócrates o Galeno. Pese a esto, a día de hoy ni tiene cura ni se conocen sus causas. Pero hay novedades.
Lo
que sí sabemos es que, al igual que otras devastadoras enfermedades
como las esclerosis o la fibromialgia, la artritis tiene un origen autoinmune:
es causada por un fallo en nuestro sistema inmunitario, que ataca por
error a las células del propio organismo. Y este fallo, como apuntan
cada vez más investigaciones, podría estar ocasionado por un cambio en
nuestra flora intestinal.
Un estudio publicado en 2013 por Jose Scher,
reumatólogo de la Universidad de Nueva York, mostró que las personas
que padecen artritis reumatoide tenían muchas más posibilidades de
albergar en su intestino la bacteria Prevotella copri que la gente que no padecía la enfermedad. Podría ser sólo una coincidencia, pero en otro estudio, Scher descubrió que la artritis psoriásica
–la inflamación de las articulaciones causada por la psoriasis, otra
enfermedad autoinmune–, tenían una cantidad significativamente menor de
determinadas bacterias intestinales.
¿Otra coincidencia?
El secreto está en nuestras tripas
Como apunta un revelador artículo de David Kohn para The Atlantic,
las investigaciones de Scher son sólo unas de las miles que apuntan a
que los cambios de nuestra microbiota –esto es, el conjunto de
microorganismos que conviven normalmente en nuestro cuerpo– afectan de
forma determinante a nuestra salud.
La población
de microorganismos que convive con nosotros excede al número de células
propias en una relación de 10:1, por cada célula humana llevamos con
nosotros 10 microbios
La población de microorganismos que
convive con nosotros excede al número de células propias en una
relación de 10 a 1: por cada célula humana llevamos con nosotros 10
microbios. Estas bacterias están repartidas por todo el cuerpo, pero son
especialmente numerosas en nuestro aparato digestivo.
El tracto
intestinal alberga miles de especies distintas de bacterias, que pesan
en conjunto entre medio kilo y kilo y medio. Es también en el intestino
donde residen la mayor parte de nuestras defensas: al menos dos tercios
de las células inmunes.
Muchas de estas bacterias cumplen
funciones esenciales para nuestro cuerpo (las más) y otras perjudican su
correcto funcionamiento (las menos). Y lo que cada vez parece más claro
es que su influencia no se limita al tracto digestivo: hay cambios en
la flora intestinal que afectan a nuestra salud en conjunto y pueden
generar enfermedades que aparentemente no tienen nada que ver con lo que ocurra en nuestras tripas, como es el caso de la artritis.
“Esto supone un cambio en el paradigma”, asegura Scher en The Atlantic.
“Al incluir la microbiota hemos añadido un nuevo jugador a la partida”.
Un jugador que en realidad son miles, tantos como bacterias distintas
pueden pulular por nuestro intestino.
El cambio en nuestra microbiota cambia el curso de numerosas enfermedades
“Nuestra microbiota ha cambiado de forma significativa en el último siglo, especialmente en los últimos 50 años”, asegura en The Atlantic el microbiólogo de la Universidad de Nueva York Martin Blaser.
El investigador cree que el uso masivo de los antibióticos está detrás
de la extinción de numerosos microbios que antes se encontraban de forma
natural en nuestro cuerpo.
Pero los fármacos no son
los únicos culpables: los cambios en la dieta, el exceso de higiene y un
menor contacto con la naturaleza también tienen su parte de culpa.
Encontrar la relación directa entre cada tipo de bacteria y cada enfermedad autoinmune es una tarea harto compleja
Este cambio acelerado que está sufriendo nuestro ecosistema bacteriano
podría estar directamente relacionado con el aumento de la incidencia
de las enfermedades autoinmunes ––y también, creen algunos científicos,
con la obesidad–.
Blaser, en concreto, ha estudiado la relación entre los cambios de la microbiota y el asma. La bacteria Helicobacter pyloriestá
presente en la mayoría de los adultos del mundo, y en toda la población
de los países en desarrollo, pero tras analizar la composición de la
flora intestinal en un grupo de niños estadounidenses Blaser descubrió
que sólo un 6% contaban con esta bacteria.
En su opinión, la
desaparición de la Helicobacter en los países desarrollados
está directamente relacionada con el abuso de antibióticos, y podría
estar detrás del aumento en la incidencia de enfermedades como el asma,
pues, según sus estudios, su presencia reduce la respuesta inmunitaria
del cuerpo a los estímulos del aire. Se trata, en definitiva, de una
carmabola difícil de rastrear, pero potencialmente fatídica. Y lo peor
de todo es que podría estar dándose entre muchas bacterias y otras
tantas patologías.
Encontrar la relación directa entre cada tipo
de bacteria y cada enfermedad autoinmune es una tarea harto compleja,
pero la relación entre una cosa y otra puede entenderla cualquiera. Las
bacterias que pueblan nuestro intestino se han desarrollado gracias a
que han sabido controlar la respuesta de nuestro sistema inmune a
los intrusos.
Después de cientos de años conviviendo con nosotros han
convencido a nuestras defensas de que no son malas y han regulado su
respuesta ante los invasores: en definitiva, han mantenido a raya a
nuestro sistema inmune para que no se sobrepase en sus funciones.
¿Qué
está ocurriendo? Al cambiar la composición de nuestra microbiota, ya
sea porque hay bacterias distintas o porque el ratio entre ellas es
desproporcionado, el sistema inmune se confunde y empieza a atacar no
sólo a las bacterias que atacaba antes, sino al cuerpo mismo.
En busca de soluciones
A Scher le parece eficaz promover cambios en la dieta.
Algunos pacientes con artritis reumatoide se han beneficiado de una
dieta vegetariana o mediterránea, aunque aún nadie sabe por qué ocurre
esto exactamente.
La Microbióticaes un nuevo término que alude al
estudio y aplicación de las relaciones simbióticas (de interdependencia)
entre los microorganismos de un sistema determinado: una comida, un
cuerpo, una planta, el suelo, el agua…
Por primera vez en lenguaje castellano, este libro aborda desde
diferentes perspectivas el estudio y el reconocimiento de la acción de
los microorganismos y su relación simbiótica para regenerar y potenciar
la vida frente a la degradación y la muerte.
Un gran elenco de especialistas médicos, biólogos, ingenieros,
psicólogos, cocineros e investigadores describen como utilizar los
microorganismos regeneradores para superar los problemas que nuestra
civilización en la ecología, agricultura, gastronomía, nutrición y en la
salud integral.
Descubra con la Microbiótica como su vida puede
cambiar, simplemente apoyándose en esas bacterias que nos rodean, que
somos y tenemos en nuestro cuerpo, y cuyo equilibrio crea las
condiciones para nuestra supervivencia. La salud humana, como la de todo
el ecosistema, también reside en ese invisible micromundo que nos
interpenetra. Porque ellas están aquí para ayudarnos a vivir con
plenitud y en equilibrio con la biosfera que a lo largo de miles de
millones de años han ido creando
Sobre el autor La Microbiótica es un movimiento ecocientífico que nace con este libro gracias a la desinteresada participación de sus autores:
Lynn Margulis. Catedrático de Geociencias en la Universidad de Massachusetts (EEUU).
Bonnie Bassler. Directora del departamento de Microbiología de la Universidad de Princeton.
Máximo Sandín. Doctor en Ciencias Biológicas y exprofesor titular, Facultad de Biología, Universidad Autónoma de Madrid.
Jairo Restrepo. Ingeniero Agrónomo. Máximo exponente de la Agricultura Regenerativa.
Juana Labrador. Doctora en Biología. Profesora en la Universidad de Extremadura. Virginia Ruiperez. Enfermera. Especialista en nutrición y fertilidad natural. Francisco Mata. Doctor en medicina y especialista en nutrición naturista.
Emilio Santos. Licenciado en ciencias físicas y en medicina. Psiquiatra y ginecólogo.
Palmira Pozuelo. Farmacéutica. Profesora de nutrición y dietética, Universidad María Cristina de El Escorial (Madrid).
Jesús Mier. Psicólogo clínico.
Martin Goldman. Chef de cocina.
Luis Antonio Lázaro. Periodista e investigador microbiótico.
Ander Urederra. Investigador en nutrición simbiótica tradicional.
El 8% de nuestro genoma es de origen virico
En una gota del mar hay un millon de bacterias y en un gramo de tierra 4 millones y en ambos casos hay entre 5 y 25 veces mas virus.
Virus y bacterias forman parte de nuestro genoma.
Las personas se "infectan" continuamente con virus y bacterias y no por eso enferman.
No todas las infecciones virales son malas y muchas infecciones virales y bacteriales son buenas
Los retrovirus endogenos cumplen al menos una funcion beneficiosa critica para la produccion de anticuerpo protectores .
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Nuestro cuerpo está compuesto por células, tejidos y sistemas que se conectan entre sí para hacer que funcione, hasta aquí algunas de las cosas que nos enseñaron en el colegio, o por lo menos lo que yo aprendí.
Lo que no siempre nos enseñan es que en nuestro cuerpo habitan millones de microbios que son muy importantes para la salud. La mayoría de nosotros sabemos que en nuestra boca hay microbios y como os conté en un post, con el que disfruté mucho redactando que habla sobre las maravillas ocultas de la naturaleza, también se que en nuestras pestañas habitan microbios.
Pero a parte de eso, no sabía que tenemos toda una flora de microbios, microbiota, que nos ayuda a mantenernos saludables y sobre todo que son billones los que habitan en nuestro cuerpo, en concreto 100 billones, eso sí, todos juntos pesan sólo un kilo.
Rob Knight un pionero en el estudio de microbios en el cuerpo humano, asegura que:
“Cada humano tenemos un kilo de microbios internos y los microbios pueden ser más importantes que cada gen que tenemos en nuestro cuerpo”.
¿Sabías que los microbios determinan en gran parte lo que somos?
Resulta que los microbios son decisivos para encontrar las diferencias entre nosotros. Alguna vez te has preguntado ¿por qué a alguna gente le pican mucho los mosquitos y a otros no?
La respuesta está en nuestros microbios, pues estos producen químicos que los mosquitos detectan. Además debemos tener en cuenta que nuestro ADN es en un 99% igual al de otros humanos, pero esto no ocurre con los microbios,pues sólo un 10% es similar entre distintas personas.
Distintos microbios producirán distintos químicos, esto explicaría que a mi hermana la frían a picotazos y a mi ni se les ocurre rozarme. Voy tener que darle las gracias a estos bichitos
Los microbios de nuestro intestino definen la efectividad de un medicamento para una enfermedad del corazón.
Una de las principales funciones, es que nos ayudan a digerir el alimento. Según qué microbios tengamos estos ayudan de una manera más eficiente a digerir la comida y a la vez, obtienen más energía de los alimentos.
Estudiando nuestros microbios podríamos decir si alguien es delgado u obeso con un 90% de acierto. Algo que con el estudio del ADN sólo se ha podido llegar a predecir en un 60%.
Educan nuestro sistema inmunológico.
Nos protegen de ciertas enfermedades.
Y hasta pueden afectar nuestro comportamiento.
Nuestros microbios nos hacen ser como somos #ViajerosInquietos
La forma en que nacemos determina parte de nuestros microbios, así los bebés que nacen por parto natural adquieren los microbios de la comunidad vaginal de su madre y los que nacen por cesárea adquieren los microbios de la comunidad de la piel.
Esto parece estar relacionado con las diferencias de salud entre unos bebés y otros. Pues los que lo hacen por cesárea, son más propensos al asma, alergias, incluso a la obesidad, que los que nacen por parto natural pues los microbios vaginales parecen ser más adecuados para combatir ciertas enfermedades.
Nuestra microbiota, va formándose a lo largo de los años, y en esa evolución hay ciertos elementos que pueden influir. Rob knight comenta algo muy interesante, y que tras años de estudios en niños, se ha concluido que, si se le da a un niño antibiótico en los primeros 6 meses de vida, es más propenso a ser obeso, que si no reciben antibióticos.
Así, concluye que lo que hagamos en los primeros años de vida de un bebé tiene un gran impacto en la salud de éste. De todo lo expuesto en la charla, este dato me parece muy importante.
¡Padres del mundo pongamos atención en esto, la salud de nuestros niños está en juego!
Curan enfermedades. Cómo ejemplo, un paciente con diarrea severa, más de 20 deposiciones al día, que no podían controlar con un largo tratamiento de antibióticos. Utilizando un trasplante de microbios fecales de una persona sana, consiguieron remitir la diarrea, y que su comunidad intestinal volviese a la normalidad. De esto ya os hablé en un post anterior, cápsulas de caca, por si queréis conocer mejor el tema. Después de escuchar a este hombre, no me cabe duda de que hay un mundo por descubrir que nos afecta y de que manera. ¿No crees?
¿Qué tal se portan tus microbios? ¿Sientes que te protegen? Benditos microbios.
Toda la vida pensando que somos humanos y resulta que somos bacterias
¡Compartir es tendencia, no lo olvides!
--------------------- Las bacterias usan señales electricas ante una situacion adversa UNA INVESTIGACION DESCUBRE QUE LAS BACTERIAS SE COMUNICAN POR IMPULSOS ELECTRICOS COMO LAS NEURONAS
LA COMUNIDAD DE BACTERIAS PARECE FUNCIONAR COMO UN "CEREBRO MICROBIANO"
Las bacterias, como cualquier
ser vivo, se comunican con su entorno,
y por supuesto con organismos
de su misma especie. La comunicación
entre bacterias mediante señales
químicas está estudiada desde
hace mucho tiempo. Sin embargo,
el hallazgo de que estos sencillos
seres unicelulares lo hacen mediante
señales eléctricas -de forma similar
a como lo hacen las neuronas del
sistema nervioso de los animales es
toda una novedad para la microbiología
Y más aún que lo hacen para
coordinarse socialmente, para actuar de forma cooperativa ante una
situación adversa, para sobrevivir como un equipo y no como una suma de
células individuales y egoístas. La investigación publicada en Nature
liderada por Jordi García Ojalvo, de la Universidad Pompeu Fabra de
Barcelona, y Gürol Süel, de la Universidad de California en San Diego,
supone un auténtico descubrimiento.
Hace mucho tiempo que se conocía la existencia de canales iónicos en
la membrana de las bacterias, proteínas que atraviesan la membrana de
estas células y que permiten el transporte selectivo de iones de potasio
cargados eléctricamente. La apertura o el cierre de estos canales
permite la acumulación de una diferencia de potencial eléctrico a ambos
lados de la membrana bacteriana, y por tanto la descarga de una señal
eléctrica a escala microscópica. De hecho, los canales bacterianos son
similares a los de nuestras neuronas y su estudio permitió comprender
cómo se transmitian los impulsos nerviosos. La transmisión de estos
impulsos eléctricos en las neuronas es la base fisiológica de que usted
pueda razonar, leer estas páginas o mover sus músculos. ¿Pero para qué
los usaban las bacterias?. Era un misterio, hasta ahora.
"Las bacterias usan señales eléctricas ante una situación adversa"
La investigación inicial de García Ojalvo y Gürol Süel se centraba en
comprender los mecanismos de resistencia bacteriana cuando estos
organismos forman biofilms (o biopelículas), una forma de comunidad
microbiana en la que las células bacterianas forman delgadas películas y
excretan una matriz extracelular a través de la cual intercambian agua,
nutrientes, enzimas y residuos. En una palabra: en un biofilm las
bacterias se hacen sedentarias, cooperan y se comunican a través de
señales químicas que regulan la expresión de genes de manera diferente
en las distintas partes de la comunidad, como un tejido en un organismo
multicelular. Un ejemplo muy gráfico de esto es el sarro de los dientes.
Las biopelículas son altamente resistentes a productos químicos y
antibióticos, y son un problema médico muy importante en casos de
resistencia bacteriana en hospitales.
Cuando las bacterias forman biofilms, necesitan cooperar y
comportarse como una sociedad solidaria, para asegurarse de que los
nutrientes -más abundantes en la periferia de la colonia- llegan a todos
los rincones de la comunidad. ¿Cúal era la forma en la que seres tan
sencillos resolvían los 'conflictos sociales' dentro del biofilm, entre
el centro y la periferia, sobre todo cuando las condiciones se volvían
adversas?
Los investigadores advirtieron que cuando un biofilm de la bacteria Bacillus subtilis
crece hasta un tamaño considerable, la periferia, que tiene alimento a
discreción, deja de crecer cada cierto tiempo para dejar que los
nutrientes difundan al centro de la comunidad, más hambrienta. De la
misma forma ocurre cuando se ataca al biofilm con productos químicos o
antibióticos: la colonia actúa de forma coordinada. La amenaza es
comunicada de la periferia hacia el centro.
Así que diseñaron un experimento para medir los cambios de potencial
en las membranas bacterianas durante las oscilaciones metabólicas fruto
de someter al biofilm a una huelga de hambre. Eureka: las oscilaciones
eléctricas -en las que estaban implicados los canales iónicos-
coincidían con el crecimiento de la biopelícula. Cuando los
investigadores usaron fármacos para inhibir los canales iónicos, el
biofilm de Bacillus subtilis perdía toda su capacidad de actuación cooperativa, y las células bacterianas se volvían totalmente 'egoístas'.
El norteamericano Gürol Süel señala que, mediante estas señales, la
comunidad de bacterias dentro de las biopelículas parece funcionar muy
parecido a un 'cerebro microbiano', comunicándose entre sí de forma
sorprendentemente similar al mecanismo neuronal llamado 'difusión de la
depresión cortical' -una onda de actividad eléctrica intensa que se
esparce desde un centro hasta un área amplia- involucrado en trastornos
como migrañas y convulsiones.
De igual manera, cuando las bacterias del centro del biofilm tienen
“hambre” (están en situación de estrés nutricional), este disparador
metabólico induce la liberación de potasio intracelular, que a su vez
despolariza las bacterias vecinas. Así se expande una señal eléctrica
hacia la periferia para que deje de crecer y permita llegar el alimento.
Esto sugiere que muchos de los medicamentos originalmente desarrollados
para la epilepsia y la migraña también pueden ser efectivos en el
ataque a las biopelículas bacterianas, que se han convertido en un
creciente problema de salud en todo el mundo debido a su resistencia a
los antibióticos, dice Süel. Estas sustancias interceptarían las
comunicaciones enemigas, impidiendo que las bacterias patógenas hablaran
y se coordinaran entre sí.
"La comunidad de bacterias parece funcionar como un 'cerebro microbiano'"
Pero más allá de las importantes aplicaciones médicas, este hallazgo abre toda una línea de investigación acerca de cómo aparecieron en la evolución de los seres vivos los mecanismos de coordinación pluricelulares y la transmisión neuronal ulterior. Jordi Garcia-Ojalvo, el coautor español y director del Laboratorio de Dinámica de Sistemas Biológicos de la Universidad Pompeu i Fabra afirma que el estudio ofrece una perspectiva radicalmente nueva de cómo se pudo originar el sistema nervioso en los animales. Ahora parece claro que la comunicación electroquímica, gracias a los canales iónicos transmembrana apareció en la evolución muchísimo antes de lo que se esperaba.
En la evolución, los mecanismos que funcionan y confieren ventajas tan significativas se conservan con fuerza y tienden a amplificarse y mejorarse a un ritmo relativamente rápido. En nuestro cerebro, las neuronas se comunican mediante señales electricas a una velocidad inmensamente superior que entre las bacterias. Pero ahora sabemos que la verborrea alocada de nuestras sinapsis empezó hace miles de millones de años con las primeras palabras eléctricas de una tribu de bacterias.
Funcionamos" gracias a la electricidad. Todos nuestros sentidos, el comportamiento y la inteligencia emergen de las comunicaciones eléctricas entre las neuronas de nuestro cerebro. Sin embargo, esta capacidad es muy, muy antigua. Tanto, que las células más evolucionadas, las neuronas, la comparten con otras que están muy abajo en la escala evolutiva: las bacterias, que ni siquiera tienen un núcleo definido.
Esto confirma que en la evolución, las soluciones que funcionan se perpetúan y se repiten en la escala evolutiva, aunque con ciertas mejoras. Una de ellas, la rapidez con que se transmiten las señales, que es mucho mayor en el cerebro que entre las bacterias. Pero básicamente ambos tipos de células utilizan el mismo sistema para sus “relaciones sociales”, que son muchas e importantes. Lo acaban de descubrir biólogos de la Universidad de California en San Diego y lo publica la revista "Nature".
Las bacterias que viven en comunidades tienen una compleja vida social y se comunican entre sí eléctricamente, a través de proteínas llamadas "canales iónicos”, lo mismo que las neuronas de nuestro cerebro. Estos canales son proteínas que atraviesan la membrana celular y permiten el paso de iones para generar una corriente eléctrica.
"Gran parte de nuestra comprensión de la señalización eléctrica de nuestro cerebro se basa en estudios estructurales de los canales iónicos bacterianos", señala Gürol Süel, profesor asociado de Biología Molecular en la Universidad de California en San Diego, que ha dirigido la investigación. Pero, era un misterio cómo las bacterias utilizan los canales iónicos. Por eso Süel se embarco con su equipo en la ardua tarea de examinar la comunicación a larga distancia dentro de las biopelículas. Estas estructuras contienen millones de células bacterianas. Es el caso, por ejemplo, de la capa de sarro que se desarrolla en los dientes. Las biopelículas bacterianas son altamente resistentes a productos químicos y antibióticos.
Estas agrupaciones de bacterias las obliga a hacer importantes cambios en su estructura y metabolismo. Entre otras cosas, necesitan comunicarse para asegurarse de que el alimento llega a todos los rincones de la colonia (en esto, aun siendo tan primitivas, nos ganan...). El interés de los científicos por el estudio de las señales de largo alcance entre bacterias surgió de un estudio anterior, publicado en julio en “Nature” en el que encontraron que las biopelículas son capaces de resolver los conflictos sociales dentro de la comunidad de células bacterianas de la misma forma que las sociedades humanas.
Cuando un biofilm formado por cientos de miles de Bacillus subtilis crece hasta un cierto tamaño, el borde exterior de protección de las células, que tiene “barra libre” de nutrientes, deja de crecer periódicamente para permitir que parte de esos nutrientes llegue al centro de la biopelícula. De esta manera, las bacterias del interior de la colonia se obtienen alimento y pueden sobrevivir a los ataques de productos químicos y antibióticos. Y uno de esos preciados nutrientes es el glutamato, que en las neuronas es un importante neurotransmisor.
Pero esas oscilaciones en el crecimiento de la biopelícula requiere una coordinación de largo alcance entre las bacterias en la periferia y las del interior. Como además las bacterias estaban compitiendo por el glutamato, una molécula cargada eléctricamente, los investigadores especularon que la coordinación metabólica entre las células distantes dentro de las biopelículas podría llevarse a cabo de forma electroquímica.
Así que diseñaron un experimento para probar su hipótesis. El objetivo era medir cuidadosamente los cambios en el membrana de la célula bacteriana durante las oscilaciones metabólicas. Los investigadores observaron oscilaciones en el potencial de membrana que coincidían con las del crecimiento de las biopelículas y encontraron que los canales iónicos eran los responsables de estos cambios en el potencial de membrana. Y cuando algunos de estos canales inonicos se eliminaban las bacterias de la biopelícula ya no era capaz de producir esas señales eléctricas.
"Al igual que las neuronas en nuestro cerebro, nos encontramos con que las bacterias utilizan los canales iónicos para comunicarse entre sí a través de señales eléctricas", explica Süel. "De esta manera, la comunidad de bacterias dentro de las biopelículas parece funcionar muy parecido a un 'cerebro microbiano'".
Süel aclara que el mecanismo específico por el que las bacterias se comunican entre sí es sorprendentemente similar a un proceso que ocurre en el cerebro, conocido como "difusión de la depresión cortical", que se cree que está involucrado en las migrañas y las convulsiones. Este mecanismo es el responsable de la formación del aura de las jaquecas y se cree que también del dolor. La depresión cortical consiste esencialmente en una onda de actividad celular intensa que se esparce hasta abarcar un área amplia de la corteza cerebral, especialmente en regiones que controlan la visión.
"Lo interesante es que tanto las migrañas como la señalización eléctrica entre las bacterias que hemos descubierto están provocadas por el estrés metabólico. "Esto sugiere que muchos de los medicamentos originalmente desarrollados para la epilepsia y la migraña también pueden ser efectivos en el ataque a las biopelículas bacterianas, que se han convertido en un creciente problema de salud en todo el mundo debido a su resistencia a los antibióticos", concluye.