jueves, 16 de mayo de 2013

dieta - - fibromialgia - hongo candida - flora intestinal - microbioma

En lugar de obsesionarse con los porcentajes de hidratos de carbono, proteínas y grasas que deberíamos de comer, la gente debería de guiarse más por su interior y por lo que los mensajes que recibe de su cuerpo a diario
Las personas que tienen obesidad metabolizan los hidratos de carbono de forma diferente a las que tienen un peso normal. Quiero con esto decir que no siempre un mismo mensaje sirve para todo el mundo
No quiero ser malvada ni tampoco desacreditar a nadie, pero considero muy improbable que alguien pueda diagnosticar la enfermedad celíaca por la forma de que pueda tener la barbilla
 
Hay un hecho que las personas preocupadas por purificarse y desintoxicarse deberían saber: cada dos semanas todas las células de nuestro intestino se renuevan. Si durante dos semanas una persona come bien y sano ya tiene una completa depuración, sin necesidad de fiarlo todo a un batido verde
Además del yogurt, hay muchísimos alimentos interesantes para las bacterias, como el ajo, la achicoria, el pan integral, los plátanos verdes, las ciruelas, los espárragos y el arroz frío o la ensalada de patata

Antiguamente, en cada país había una cultura del yogurt propia. Sin embargo, ahora todo procede de una misma fábrica y estas diferencias han desaparecido. Pero sí, en España hace años los yogures se elaboraban a temperaturas más cálidas que en Alemania, por lo que las bacterias eran también diferentes
 
Giulia Enders es una joven médica germana que acaba de publicar “La digestión es la cuestión” (editorial Urano), obra que ha vendido 1.300.000 ejemplares en Alemania y que ha merecido generosos reportajes en revistas del prestigio de “Der Spiegel” o “The Times”. En  cuanto a “The Guardian”, ha publicado un artículo, casi tan divertido como el propio libro de Enders, donde se señala, con evidente flema británica, que el antropólogo estadounidense Alan Dundes ya sugirió en su estudio sobre los cuentos populares que el pueblo alemán siente una rara atracción por el “elemento anal-erótico”, conclusión que han desacreditado estudios posteriores, pero que el éxito del libro de Enders vuelve a situar en un primer plano.

Pero… vayamos con el libro. La tesis de Enders, que en la actualidad investiga su tesis doctoral en el Instituto de Microbiología e Higiene Hospitalaria de Francfort, es que la oveja negra de los órganos, el intestino, guarda una estrecha relación con el sobrepeso, las alergias y las depresiones. O dicho de otro modo: si aspiramos a sentirnos bien, deberíamos cuidar nuestro intestino (aproximadamente, el 80% del sistema inmunitario se aloja allí), entre otras cosas, porque mantiene línea directa con el cerebro.

Al respecto, Enders, que es muy simpática, ganó en 2012 el primer premio del Festival Science Slam, tras realizar una presentación que acabó conviriténdose un gran éxito en “You Tube”, hasta el punto de haber sido vista por más de 724.000 personas. Aunque no entiendas el idioma alemán, si haces click aquí te harás una buena idea de algunas ideas claves que aborda “La digestión es la cuestión” (no te pierdas los dibujos de la propia Enders).

Y sí, en verdad, el libro es divertido, tal vez no excesivamente profundo, pero sí didáctico y entretenido. Veamos un extracto:

“Seguramente los pensamientos de los esfínteres no optarían precisamente a un Premio Nobel, pero, a fin de cuentas, abordan cuestiones fundamentales para la humanidad: ¿qué importancia concedemos a nuestro mundo interior y qué compromisos asumimos para entendernos con el mundo exterior? Uno reprime, cueste lo que cueste, el pedo más molesto hasta que regresa a casa atormentado por el dolor de tripa, mientras que el otro, en la fiesta familiar de la abuela, deja que le tiren del dedo meñique y entonces suelta un sonoro pedo como si de un espectáculo de magia se tratara. A largo plazo, quizá el mejor compromiso se sitúe en un lugar a medio camino entre ambos extremos”.

Otro trozo más, para que compruebes que el libro es, en verdad, divertido:
“Desde tiempos inmemoriales, ´ponerse en cuclillas´, es nuestra posición natural para evacuar: el moderno negocio de los inodoros de pedestal surgió con el desarrollo de las tazas de váter para interiores a finales del siglo XVIII. El “siempre seremos cavernícolas” a menudo resulta una interpretación un tanto problemática entre los médicos. ¿Quién se atreve a decir que la posición en cuclillas relaja el músculo mucho mejor y hace que la vía de evacuación sea en línea recta? Por este motivo, investigadores japoneses hicieron que voluntarios ingirieran sustancias luminosas y les radiografiaron mientras hacían sus necesidades en diferentes posiciones. Primer resultado: es cierto, en la posición en cuclillas el intestino se muestra recto, lo que permite evacuar todo en el acto. Segundo resultado: las personas colaboradoras están dispuestas a ingerir sustancias luminosas en pro de la investigación y, además, dejan que las radiografíen mientras evacuan. Personalmente, opino que ambos hechos resultan bastante impactantes”.

Un tercer extracto, el último, para presentar definitivamente a Enders:
“Los humanos hemos comido probióticos desde siempre. Sin ellos, no estaríamos aquí. Así pudieron comprobarlo algunos sudamericanos que se llevaron a sus mujeres embarazadas al Polo Sur para que dieran la luz ahí. Con ello, pretendían ejercer los derechos legales sobre las reservas de petróleo del lugar que legalmente corresponden a los “nativos”. El resultado fue que los bebés morían, como muy tarde, en el viaje de vuelta. El Polo Sur es tan frío y libre de gérmenes que los bebés se vieron privados de las bacterias necesarias para vivir. Las condiciones de temperatura normales y los gérmenes en el mismo viaje de vuelta acabaron con los pequeños”.

Total, que aprovechando que Guilia Enders vino hace unos días a España a promocionar su libro, “Comer o no comer” no quiso perderse la ocasión de trasladar a esta joven médica las malolientes preguntas a las que ya tiene acostumbrados a sus sufridos lectores...

Guilia, después de los oscuros callejones por los que has tenido que transitar para escribir tu libro, ¿crees que tendríamos que modificar en algo la proporción de macronutrientes que aconsejan los nutricionistas, es decir, más de un 50% de hidratos de carbono, menos de un 20% proteínas y menos de un 30% de grasa?

Particularmente estoy en contra de recomendar porcentajes estrictos que ignoren la realidad de cada persona. En lugar de obsesionarse con estos grandes números la gente debería de guiarse más por su interior, por los mensajes que recibe a diario de su cuerpo. Considero importante que los científicos no se limiten a decir “esto es así, así y así”, sino que se esfuercen en explicar porqué las cosas son como son. Únicamente entendiendo lo que se nos quiere transmitir, podemos aplicarnos las enseñanzas de los científicos. Por ejemplo, las personas que tienen obesidad metabolizan los hidratos de carbono de forma diferente a las que tienen un peso normal. Quiero con esto decir que no siempre un mismo mensaje sirve para todo el mundo. Visto así, las personas que presentan algo de obesidad deberían tomar menos hidratos de carbono que las que tienen un peso normal, así que todo depende.

En la página 216 de su libro, Enders señala que “en estudios con personas con sobrepeso se ha demostrado que, en conjunto, impera en la flora intestinal una diversidad menor y que predominan grupos de bacterias que, sobre todo, metabolizan hidratos de carbono. No obstante, para padecer sobrepeso de verdad deben de darse muchos más factores”, matiza.
En función de lo que has investigado sobre la macrobiota y la microbiota, y aunque sólo sea desde un punto de vista “estrictamente intestinal”, ¿deberíamos de comer, en general, de manera un poco diferente pensando en las bacterias?
Insisto: en lugar de referirnos a unos porcentajes en concreto, cada uno debería de indagar por sí mismo qué tipo de alimentos le sientan bien, qué tipo de hidratos de carbono le hacen sentirse animado o cansado y qué tipo de grasas le hacen tener una mejor predisposición…

¿Qué opinas de las teorías pseudocientíficas  de Hiromi Shinya, el autor de “La enzima prodigiosa”?

No creo conocer a Hiromi Shinya. ¿Es un libro que dice que hay que comer enzimas para tener una mejor digestión? (Giulia teclea en su tableta el nombre de Shinya y luego se queda observando el título de sus libros en alemán). No, no conozco a este señor, lo siento, no me suena de nada.
Me congratula que no conozcas “la enzima prodigiosa”. En España ha sido un auténtico best seller, aunque en nuestra web no le hicimos una reseña lo que se dice elogiosa... Por cierto, últimamente también ha saltado a la fama un autodenominado experto que afirma poder diagnosticar la enfermedad celíaca por la forma de la barbilla. ¿Qué piensas como médica de esta nueva técnica de diagnóstico?
No quiero ser malvada ni tampoco desacreditar a nadie, pero considero muy improbable que alguien pueda diagnosticar la enfermedad celíaca por la forma que pueda tener la barbilla de una persona.

¿Hay algunos alimentos con nombres y apellidos que beneficien a las bacterias que nos son más favorables y que estén infravalorados?
Más que un alimento en sí, lo que me parece más sorprendente es que el estado del alimento, frío o caliente, sea tan relevante. Por ejemplo, la patata fría o el arroz frío, al cristalizar los hidratos, provocan que el hígado no pueda procesarlos y deformarlos y que se vayan directamente al intestino. Hay gente que después de alguna conferencia que he pronunciado me ha confesado haber probado algunas de las teorías que recojo en mi libro y que afirma haber conseguido muy buenos resultados. Además del yogurt, hay muchos alimentos interesantes para las bacterias, como el ajo, la achicoria, el pan integral, los plátanos verdes, las ciruelas o los espárragos.

En la página 290 de “La digestión es la cuestión”, Enders explica que la prebiótica trata de promover las bacterias buenas a través de la ingesta de determinados alimentos para que tengan así más poder contra las bacterias dañinas. En este sentido, los prebióticos son fibras alimentarias que solo pueden ser ingeridas por las bacterias beneficiosas. El azúcar común, por ejemplo, no es un prebiótico, porque también le gusta a las bacterias de la carne. En cambio, las bacterias dañinas no pueden, o apenas pueden, aprovechar los prebióticos y, por lo tanto, no pueden fabricar nada dañino con ellas. El hecho de que los occidentales consumamos tan poca fibra alimentaria (de los 30 gramos que deberíamos comer al día, solo llegamos a consumir la mitad) aviva la rivalidad en el intestino entre las bacterias dañinas y las beneficiosas. No es tan difícil decantar la balanza a nuestro favor –explica Enders en la página 294–. La mayoría tenemos algún plato prebiótico preferido que comeríamos sin problemas más a menudo. Mi abuela tiene siempre ensalada de patatas en la nevera, mi padre prepara una magnífica ensalada de endivias con mandarinas (consejo: lavar brevemente las endivias con agua caliente: hace que pierdan amargor sin que dejen de estar crujientes) y a mi hermana le encantan los espárragos o el salsifí negro con una fina salsa de nata (…) Actualmente sabemos que también les gustan las liliáceas, no sólo el puerro o el espárrago, sino también las cebollas y el ajo (…) El almidón resistente se forma, por ejemplo, cuando se cuece arroz o patatas e, inmediatamente, se pone a enfriar. De este modo, cristaliza el almidón y se hace más resistente a la digestión. De la “robusta” ensalada de patatas o del frío arroz para sushi llega más alimento ileso para los microbios. Quién no tenga aún ningún plato prebiótico preferido, debería probar algunos. Si comemos estos platos de manera regular, podremos constatar un divertido fenómeno: de vez en cuando experimentaremos una auténtica hambre canina por esta comida”.

Y al contrario: ¿qué alimentos estimulan las malas bacterias intestinales?

Ciertas grasas influyen negativamente en las bacterias y también, sobre todo, comer carne en exceso. Lo que pasa, y esto es realmente importante, es que hacemos demasiado poco de lo bueno. Esto es más importante, finalmente, que tomar alimentos que tienen mala fama porque al azúcar, por ejemplo, ya lo digiere nuestro cuerpo. Hay que comer más bacterias buenas. Si quieres, puedo poner un ejemplo. Dado que solo ingerimos un 50% de la cantidad de fibra que deberíamos de ingerir, nuestro intestino, que tiene tres partes, al no comer la cantidad de fibra que necesita, utiliza ya esa cantidad en el primer tracto, con lo que la fibra no llega a las otras dos partes del intestino, por lo que las bacterias tienen que dar buena cuenta de la carne. Es decir, como comemos poca fibra, la poca cantidad que comemos se queda en la primera parte del intestino. En cambio, los restos de la carne sí que llegan a la segunda y tercera parte del intestino, algo muy desaconsejable porque acaba provocando putrefacción, aumentando en el último tramo del intestino el riesgo de padecer cáncer.
En España, cuando éramos pequeños, se nos decía que después de comer había que esperar dos horas antes de bañarse en el mar o en la piscina. ¿Este consejo tiene algún sentido o es imposible determinar un tiempo estándar para hacer la digestión?

Para hacer la digestión necesitamos mucha sangre, que se concentra en el estómago. Se trata de no hacer un sobreesfuerzo añadido. Esa es la razón por la que nos sentimos cansados después de comer. En cuanto a si hay un tiempo estipulado y concreto para hacer la digestión, pues todo depende de lo que se haya comido. Lo que es muy importante decir es que hay personas que digieren los alimentos muy rápido y otras muy lento, por lo que, para no entrar en casos particulares, se acostumbra a decir que a la comida le cuesta salir del estómago unas dos horas, que viene a ser lo que le cuesta llegar al intestino delgado. Pero, claro, al final todo depende del alimento que hayamos ingerido. Es posible tomarse un gran trozo de tarta y sentirse cansado o haber comido verdura y notarse ligero. Depende.

Afirmas –y leo de tu libro–  que “la higiene en un intestino nos la podemos imaginar como algo parecido a la higiene en un bosque. Ni el más ambicioso profesional de la limpieza probaría allí con una fregona. Un bosque está limpio cuando en él domina un equilibrio de plantas beneficiosas”. Me imagino, entonces, que considerarás ridículas las llamadas “dietas detox” y la idea de que un batido de lechuga, manzana y espinacas frescas puede arrastrar por el torrente sanguíneo el rastro dejado por las hamburguesas, los nuggets, el alcohol y, en general, la mal llamada “comida basura”…

Lo importante es no creer que hay un zumo en concreto que soluciona todo lo malo que comemos. Hay un hecho que las personas preocupadas por este tema deberían tomar en consideración: cada dos semanas todas las células de nuestro intestino se renuevan, lo que viene a ser como decir que cada 15 días tenemos un intestino nuevo... Si durante dos semanas una persona come bien y sano ya tiene una completa depuración, sin necesidad de fiarlo todo a un batido verde. Quiero decir con esto que nuestro cuerpo ya se encarga por sí solo de depurarnos, pero, bueno, si alguien se quiere tomar un batido verde pues es posible que el cuerpo lo haga igualmente, pero de mejor humor… (Enders ríe mientras contesta; de hecho, ríe casi en cada respuesta)

¿Desde un punto de vista, de nuevo, “intestinal” qué sería lo mejor, pues, para “depurarse” y “purificarse”? ¿Responder a la urgencia de defecar cuando esta se produzca?

Efectivamente. Lo que es realmente básico es comer regularmente, a ser posible a las mismas horas, elegir alimentos saludables y escuchar a nuestro interior, preguntándonos: ¿cómo me encuentro después de comer esto? ¿me siento bien? ¿tengo retortijones? ¿flatulencia? ¿me noto pesada? Todo esto acaba por estar relacionado con la forma con la que damos de comer a nuestras propias bacterias. También, cada vez que vamos al lavabo a orinar y defecar estamos “depurando” al organismo, de la misma manera que cada vez que contenemos el impulso de hacerlo, estamos entrenando al cuerpo en la dirección contraria a la que nos conviene.

De la misma manera que se dice que los individuos de latitudes frías extraen más energía de los alimentos que los que habitan en climas más cálidos…¿se podría decir también que en verano se extrae menos energía de los alimentos que en invierno dado que la macrobiota se adapta a las condiciones ambientales? Así pues, ¿en verano se engorda algo menos comiendo lo mismo?

Desconocía que en las zonas más frías se aprovechase más la energía de la comida que en los países más cálidos. Yo únicamente puedo decir dos cosas sobre este tema. La primera es que en invierno la flora intestinal es diferente que en verano (a modo de curiosidad, cuando no se conocían las bacterias, explica Enders, se pensaba que eran plantas y de ahí el nombre de “flora”…) La segunda cosa es que antiguamente en cada país había una cultura del yogurt propia, por ejemplo en España. Sin embargo, ahora todo procede de una misma fábrica y estas diferencias han desaparecido. Pero sí, en España hace años los yogures se elaboraban a temperaturas más cálidas que en Alemania, por lo que las bacterias eran también diferentes.
Bien, Giulia, estamos acabando la entrevista. Antes de despedirnos, quiero agradecerte que hayas atendido a “Comer o no comer” en este viaje relámpago: muchas gracias en nombre de nuestros lectores. Por cierto, aprovecho para decirte que hay trozos de tu libro que me han resultado muy divertidos.
Gracias (en esta ocasión responde en castellano).

Por cierto, ¿has notado algún olor extraño en nuestro país?
¡Ah! El agua huele muy diferente. Huele a cloro, pero es un olor que me resulta muy familar porque cuando era más joven solía venir con mis padres a pasar las vacaciones en Torremolinos (Málaga). ¡Pero la comida huele muy bien!
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Los microbiólogos del NYU Langone Medical Center dicen que tienen lo que podría ser la primera evidencia sólida de que la presencia natural de los virus en el intestino, lo que se llama 

el 'viroma'

juega un papel en el mantenimiento de la salud y en la lucha contra la infección, de forma similar a las bacterias intestinales que ahí habitan y conforman 

el "microbioma".



En una serie de experimentos con ratones que duró dos años en completarse, el equipo de la NYU Langone encontró que, la infección por el norovirus murino común, o MNV, ayudó a los ratones a reparar el tejido intestinal dañado por la inflamación y también a restaurar las defensas inmunitarias del intestino después de que su microbioma había sido aniquilado por una terapia con antibióticos.
  
En un informe sobre este trabajo, que fue publicado en la revista Nature el 19 de noviembre, los investigadores dicen que también encontraron que el MNV reforzó al sistema inmunológico en la lucha contra el daño tisular.
  
"Nuestra investigación ofrece datos convincentes acerca de esta relación de mutuo apoyo entre los virus y las bacterias en el intestino del ratón, y asienta las bases para una mayor investigación acerca de cómo el viroma da soporte al sistema inmunológico, lo que, probablemente, también se aplique a los seres humanos", señala el investigador principal del estudio, Ken Cadwell, PhD, profesor asistente en la Universidad de Nueva York (NYU) Langone.

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 LOS VIRUS NO SON PATOGENOS, LOS VIRUS APORTAN MATERIAL GENETICO A LAS CELULAS.

HAY MUCHOS VIRUS ENDOGENOS SOBRE TODO EN PERIODO EMBRIONARIO.

EN CELULAS MADRES HAY VIRUS NECESARIOS PARA QUE ESTAN PUEDAN REPRODUCIRSE. 

UN CANCER DE MAMA EMITE VIRUS


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 el 95 % de la serotonina la producen las bacterias del intestino

influyen en nuestra capacidad de aprendizaje, en nuestro estado de animo

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Si las heces se hunden enseguida es que no hemos digerido bien.no tienen burbujitas de fermentacion - bacterias 

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 Las principales funciones de la microflora intestinal incluyen 

 

(1) actividades metabólicas que se traducen en recuperación de energía y nutrientes, y 

(2) protección del huésped frente a invasión por microorganismos extraños. Las bacterias intestinales desempeñan un papel esencial en el desarrollo y la homeostasis del sistema inmunitario. 

 

Los folículos linfoides de la mucosa intestinal son áreas principales para la inducción y la regulación del sistema inmune. Por otra parte, se dispone de evidencias que implican a la microbiota intestinal en ciertos procesos patológicos, incluyendo el fallo multi-orgánico, el cáncer de colon y la enfermedad inflamatoria intestinal.

 

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El origen insospechado de la dolorosa e incurable artritis reumatoide

Al igual que otras devastadoras enfermedades como las esclerosis, la fibromalgia, la artritis o el asma tiene un origen autoinmune.
 Este nuevo estudio se suma a otros trabajos recientes que relacionan los microbios del intestino a una variedad de condiciones de salud y enfermedades como la obesidad, la depresión, la esquizofrenia, Parkinson  y el lupus.

¿Está la flora intestinal detrás?
Se calcula que aproximadamente el 1% de la población mundial padece algún tipo de artritis reumatoide: una inflamación persistente de las articulaciones que acaba por destrozar éstas. Se trata de una enfermedad conocida desde hace siglos; aunque no fue definida como tal hasta 1900 de manos del médico francés Augustin Jacob Landré-Beauvais, enfermedades semejantes son nombradas ya por Hipócrates o Galeno. Pese a esto, a día de hoy ni tiene cura ni se conocen sus causas. Pero hay novedades.

Lo que sí sabemos es que, al igual que otras devastadoras enfermedades como las esclerosis o la fibromialgia, la artritis tiene un origen autoinmune: es causada por un fallo en nuestro sistema inmunitario, que ataca por error a las células del propio organismo. Y este fallo, como apuntan cada vez más investigaciones, podría estar ocasionado por un cambio en nuestra flora intestinal.

Un estudio publicado en 2013 por Jose Scher, reumatólogo de la Universidad de Nueva York, mostró que las personas que padecen artritis reumatoide tenían muchas más posibilidades de albergar en su intestino la bacteria Prevotella copri que la gente que no padecía la enfermedad. Podría ser sólo una coincidencia, pero en otro estudio, Scher descubrió que la artritis psoriásica –la inflamación de las articulaciones causada por la psoriasis, otra enfermedad autoinmune–, tenían una cantidad significativamente menor de determinadas bacterias intestinales.
¿Otra coincidencia?

 EL ESTOMAGO Y EL CEREBRO ESTAN COMUNICADOS POR EL NERVIO VAGO POR QUE NO ES EXTRAÑO QUE MUCHAS EMOCIONES COMIENCEN EN EL CEREBRO PERO ACABEN MANIFESTANDOSE EN EL ESTOMAGO Y VICEVERSA


El secreto está en nuestras tripas
Como apunta un revelador artículo de David Kohn para The Atlantic, las investigaciones de Scher son sólo unas de las miles que apuntan a que los cambios de nuestra microbiota –esto es, el conjunto de microorganismos que conviven normalmente en nuestro cuerpo– afectan de forma determinante a nuestra salud.


La población de microorganismos que convive con nosotros excede al número de células propias en una relación de 10:1, por cada célula humana llevamos con nosotros 10 microbios

La población de microorganismos que convive con nosotros excede al número de células propias en una relación de 10 a 1: por cada célula humana llevamos con nosotros 10 microbios. Estas bacterias están repartidas por todo el cuerpo, pero son especialmente numerosas en nuestro aparato digestivo.

El tracto intestinal alberga miles de especies distintas de bacterias, que pesan en conjunto entre medio kilo y kilo y medio. Es también en el intestino donde residen la mayor parte de nuestras defensas: al menos dos tercios de las células inmunes.
Muchas de estas bacterias cumplen funciones esenciales para nuestro cuerpo (las más) y otras perjudican su correcto funcionamiento (las menos). Y lo que cada vez parece más claro es que su influencia no se limita al tracto digestivo: hay cambios en la flora intestinal que afectan a nuestra salud en conjunto y pueden generar enfermedades que aparentemente no tienen nada que ver con lo que ocurra en nuestras tripas, como es el caso de la artritis.
“Esto supone un cambio en el paradigma”, asegura Scher en The Atlantic. “Al incluir la microbiota hemos añadido un nuevo jugador a la partida”. Un jugador que en realidad son miles, tantos como bacterias distintas pueden pulular por nuestro intestino.

El cambio en nuestra microbiota cambia el curso de numerosas enfermedades
Nuestra microbiota ha cambiado de forma significativa en el último siglo, especialmente en los últimos 50 años”, asegura en The Atlantic el microbiólogo de la Universidad de Nueva York Martin Blaser. El investigador cree que el uso masivo de los antibióticos está detrás de la extinción de numerosos microbios que antes se encontraban de forma natural en nuestro cuerpo.

Pero los fármacos no son los únicos culpables: los cambios en la dieta, el exceso de higiene y un menor contacto con la naturaleza también tienen su parte de culpa.

Encontrar la relación directa entre cada tipo de bacteria y cada enfermedad autoinmune es una tarea harto compleja
Este cambio acelerado que está sufriendo nuestro ecosistema bacteriano podría estar directamente relacionado con el aumento de la incidencia de las enfermedades autoinmunes ––y también, creen algunos científicos, con la obesidad–.

Blaser, en concreto, ha estudiado la relación entre los cambios de la microbiota y el asma. La bacteria Helicobacter pylori está presente en la mayoría de los adultos del mundo, y en toda la población de los países en desarrollo, pero tras analizar la composición de la flora intestinal en un grupo de niños estadounidenses Blaser descubrió que sólo un 6% contaban con esta bacteria.
En su opinión, la desaparición de la Helicobacter en los países desarrollados está directamente relacionada con el abuso de antibióticos, y podría estar detrás del aumento en la incidencia de enfermedades como el asma, pues, según sus estudios, su presencia reduce la respuesta inmunitaria del cuerpo a los estímulos del aire.

Se trata, en definitiva, de una carambola difícil de rastrear, pero potencialmente fatídica. Y lo peor de todo es que podría estar dándose entre muchas bacterias y otras tantas patologías.
Encontrar la relación directa entre cada tipo de bacteria y cada enfermedad autoinmune es una tarea harto compleja, pero la relación entre una cosa y otra puede entenderla cualquiera.
Las bacterias que pueblan nuestro intestino se han desarrollado gracias a que han sabido controlar la respuesta de nuestro sistema inmune a los intrusos.

Después de cientos de años conviviendo con nosotros han convencido a nuestras defensas de que no son malas y han regulado su respuesta ante los invasores: en definitiva, han mantenido a raya a nuestro sistema inmune para que no se sobrepase en sus funciones.

¿Qué está ocurriendo? Al cambiar la composición de nuestra microbiota, ya sea porque hay bacterias distintas o porque el ratio entre ellas es desproporcionado, el sistema inmune se confunde y empieza a atacar no sólo a las bacterias que atacaba antes, sino al cuerpo mismo.

En busca de soluciones


A Scher le parece eficaz promover cambios en la dieta. Algunos pacientes con artritis reumatoide se han beneficiado de una dieta vegetariana o mediterránea, aunque aún nadie sabe por qué ocurre esto exactamente.

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Pacientes con fibromialgia mejoran con una dieta sin gluten ni lacteos

Un estudio del Servicio de Reumatología del Hospital Puerta de Hierro de Madrid pone de manifiesto que los pacientes que sufren fibromialgia tratados con una dieta sin gluten “están mejorando de forma notable”.
Lo que no dice la noticia es que, posiblemente, la mejoría de los pacientes es debida a que, cuando se elimina el gluten de la dieta, se produce una menor proliferación de los hongos cándida. Hongo que los pacientes de fibromialgia suelen tener en abundancia.
Para ver los inumerables síntomas que producen las cándidas y conocer su tratamiento, recomiendo leer con atención y aplicar a raja tabla los consejos de la siguiente



Tratamiento de los hongos Cándida

  La tarea habitual de los hongos Cándida en el cuerpo es eliminar restos de comida que se encuentran en nuestro sistema digestivo. Estos hongos están constantemente controlados por bacterias beneficiosas del intestino y por el sistema inmunológico, pero cuando se dan ciertas condiciones pueden proliferar sin ningún control y pueden llegar a debilitar las paredes del intestino, sumarse a la corriente sanguínea e infiltrarse a otros tejidos. Este hongo por lo general benéfico se puede transformar en uno de tipo patógeno, agresivo y destructivo que puede causar una gran variedad de problemas en la salud.
  El diagnóstico de la Cándida se suele limitar a sus manifestaciones más visibles, por lo general a las infecciones vaginales u orales.
 
El tratamiento suele quedar restringido y localizado a esas áreas y no se suele erradicar en su origen – los intestinos – que en realidad es de donde procede la causa principal de la infección, esto hace que los síntomas vuelvan a aparecer intermitentemente a lo largo de la vida.
  Por otra parte, la mayoría de enfermos de esta dolencia no están diagnosticados. Este grupo se caracteriza por presentar unos síntomas muy variados y confusos, sin embargo las analíticas y pruebas de laboratorio suelen ser normales. Estas personas siempre se sienten por debajo de sus posibilidades. Debido a esta falta de diagnóstico y tratamiento la candidiasis puede sufrirse toda la vida y convertirse en algo crónico. Desgraciadamente, muchos de estos pacientes son evaluados como hipocondríacos, depresivos, etc., y tratados con ansioliticos o antidepresivos, lo cual contribuye a echar leña al fuego sin resolver la causa principal. 



  El principal problema es que los análisis en el laboratorio no garantizan el diagnóstico fiable de una candidiasis intestinal, pues la mayoría de las células de las cándidas se adhieren a la pared de la mucosa intestinal, por lo cual es difícil que aparezcan en los análisis de heces. No se debe descartar la enfermedad sólo por el hecho de que las pruebas salgan negativas, el diagnóstico se debería basar en una evaluación de los síntomas y preferencias dietéticas del paciente.
  Los factores que pueden deprimir el sistema inmunitario y desequilibrar la flora intestinal causando una proliferación excesiva de estos hongos son:
 1 – Comer un exceso de dulces o harinas refinadas que son el alimento principal de la cándida.
 2 – El abuso de antibióticos que destruyen la flora intestinal bacteriana encargada  de controlar las cándidas.
 3 – Intoxicación por mercurio debido a empastes de amalgama, al mercurio contenido en las vacunas o a una excesiva ingesta de pescado. Si el enfermo tiene muchas amalgamas será difícil erradicar los hongos mientras no se extraigan las amalgamas.
 4 – La cortisona porque deprime el sistema inmunitario.
 5 – Las hormonas que se usan para el engorde del ganado y que acaban en el estómago del público.
 6 – El cloro y el flúor del agua del grifo. El cloro porque mata la flora intestinal y el flúor porque debilita el sistema inmunitario.
 7 – Vivir en permanente estrés.
 8 – Abuso de alcohol o drogas.
 9 – Transfusiones de sangre múltiples, transplantes de órganos o quimioterapia.
SINTOMAS Y ENFERMEDADES ASOCIADAS
  Los síntomas más habituales en enfermos con cándida son: Ardor estomacal, Deseo de comer dulces y productos elaborados con harinas refinadas, Depresión, Ansiedad, Sentimientos de rabia y agresividad, Dolor en las articulaciones, Picores vaginales y anales, Insomnio, Alergias, Problemas en los ojos y oídos, Fatiga, Dolores de cabeza, Mucosidad excesiva, Infecciones de hongos en la piel, Diarreas o estreñimiento.
  Los problemas graves para el enfermo llegan cuando las cándidas empiezan a digerir la pared intestinal, produciendo lo que se llama “intestino permeable“, llegado ese momento la mucosa intestinal es traspasada por moléculas alimenticias que, al encontrarse fuera de su lugar y sin haber sido absorbidas de forma correcta, producen la mayoría de las enfermedades autoinmunes relacionadas con las cándidas. El sistema inmunitario se vuelve loco atacando moléculas normales que cree peligrosas y produce reacciones no habituales. Estas son algunas de las infinitas dolencias que pueden llegar a provocar las cándidas y la permeabilidad del intestino:
  Artritis reumatoide, Lupus, Asma, Psoriasis y demás problemas de la piel, Sinusitis, Enfermedad de Crohn, Intestino irritable, Esclerosis múltiple, Enfermedades del espectro autista, Fibromialgia, Fatiga crónica, Enfermedad celiaca y toda clase de alergias e intolerancias alimentarias.
  Para un correcto enfoque de estas enfermedades hay que comprender que ellas no son la causa del problema, sino meramente los efectos de las causas primeras (cándidas e intestino permeable) y que, mientras las raíces del problema no sean saneadas, difícilmente se podrán curar estas enfermedades que son y serán el azote de la humanidad en el siglo XXl. 
TRATAMIENTO
  Primero hay que prepararse mentalmente para mantenerse firme en la batalla contra las cándidas, pues es probable que dure más de medio año. La eliminación apresurada de grandes cantidades de hongos produciría una especie de intoxicación en el cuerpo que se vería desbordado por tanto trabajo de eliminación.
  No es conveniente darle a los hongos sus alimentos preferidos, hay que intentar  debilitar las cándidas antes de tratar de eliminarlas, para ello hay que llevar una dieta muy estricta durante un par de semanas. Se debe de comer sólo los alimentos incluidos en la lista siguiente sin ninguna excepción:
 a) Para beber y para cocinar se usará exclusivamente agua destilada o de osmosis. Hay que beber al menos dos litros diarios, pues el cuerpo necesita agua en abundancia que le ayude a eliminar la sobrecarga de toxinas a la que tendrá que hacer frente.
 b) Sólo se tomarán cereales integrales y sin gluten: arroz, trigo sarraceno, maíz, mijo, etc.
 c) Toda clase de vegetales y legumbres.
 d) Obligatoriamente hay que tomar ajos crudos en todas las comidas, cuantos más mejor.
 e) Los frutos secos crudos: almendras, piñones, sésamo, semillas de calabaza y de girasol.
 f) Seleccionar las variedades de frutas poco dulces y comerlas moderadamente: fresas, cerezas, nísperos, piña madura, manzanas ácidas, etc.
 g) Fuera de las comidas se tomará el zumo de dos limones diarios.
 h) Leches vegetales de chufa, arroz y avena.
 i) El aceite de oliva virgen extra puesto en crudo en los platos. También se tomarán tres cucharadas al día de aceite de lino prensado en frío, se pueden añadir a cualquier plato cuando ya se va a comer, no se debe calentar.
 
Mientras dure el tratamiento quedan expresamente prohibidos los alimentos siguientes:
-Todos los alimentos que contengan azúcares o con sabor dulce: azúcar, sacarina, miel, siropes, refrescos, productos de bollería y pastelería, postres, helados etc.
-Fruta muy dulce.
-Todos los productos lácteos con todos sus derivados, incluido el yogur.
-Bebidas alcohólicas o fermentadas.
-El pan, todos los derivados del trigo y de cualquier cereal que contenga gluten.
-Champiñones, calabaza, patatas y boniatos.
 
Al empezar esta dieta es normal que el enfermo se encuentre peor. Esto es debido a dos motivos: el primero es que las cándidas protestan porque pasan hambre


 MICROBIOTICA


 Microbiotica
La Microbiótica es un nuevo término que alude al estudio y aplicación de las relaciones simbióticas (de interdependencia) entre los microorganismos de un sistema determinado: una comida, un cuerpo, una planta, el suelo, el agua…

Por primera vez en lenguaje castellano, este libro aborda desde diferentes perspectivas el estudio y el reconocimiento de la acción de los microorganismos y su relación simbiótica para regenerar y potenciar la vida frente a la degradación y la muerte.

Un gran elenco de especialistas médicos, biólogos, ingenieros, psicólogos, cocineros e investigadores describen como utilizar los microorganismos regeneradores para superar los problemas que nuestra civilización en la ecología, agricultura, gastronomía, nutrición y en la salud integral.

Descubra con la Microbiótica como su vida puede cambiar, simplemente apoyándose en esas bacterias que nos rodean, que somos y tenemos en nuestro cuerpo, y cuyo equilibrio crea las condiciones para nuestra supervivencia. La salud humana, como la de todo el ecosistema, también reside en ese invisible micromundo que nos interpenetra. Porque ellas están aquí para ayudarnos a vivir con plenitud y en equilibrio con la biosfera que a lo largo de miles de millones de años han ido creando


Sobre el autor La Microbiótica es un movimiento ecocientífico que nace con este libro gracias a la desinteresada participación de sus autores:
Lynn Margulis. Catedrático de Geociencias en la Universidad de Massachusetts (EEUU).
Bonnie Bassler. Directora del departamento de Microbiología de la Universidad de Princeton.
Máximo Sandín. Doctor en Ciencias Biológicas y exprofesor titular, Facultad de Biología, Universidad Autónoma de Madrid.
Jairo Restrepo. Ingeniero Agrónomo. Máximo exponente de la Agricultura Regenerativa.
Juana Labrador. Doctora en Biología. Profesora en la Universidad de Extremadura. Virginia Ruiperez. Enfermera. Especialista en nutrición y fertilidad natural. Francisco Mata. Doctor en medicina y especialista en nutrición naturista.
Emilio Santos. Licenciado en ciencias físicas y en medicina. Psiquiatra y ginecólogo.
Palmira Pozuelo. Farmacéutica. Profesora de nutrición y dietética, Universidad María Cristina de El Escorial (Madrid).
Jesús Mier. Psicólogo clínico.
Martin Goldman. Chef de cocina.
Luis Antonio Lázaro. Periodista e investigador microbiótico.
Ander Urederra. Investigador en nutrición simbiótica tradicional. bre, y el segundo es debido a que el cuerpo está eliminando una cantidad de toxinas poco habitual.
 
Después de un par de semanas, además de continuar con la dieta anterior se iniciará el tratamiento que debe de eliminar las cándidas de una manera lenta y progresiva. No se debe de tener prisa en aumentar la ingestión de los productos, es conveniente ceñirse a lo que se recomienda a continuación para no sobrecargar al organismo en el trabajo de eliminación.
  Para eliminar la proliferación descontrolada de cándida y devolver la situación a sus cauces normales se tomarán los cuatro productos siguientes de la manera explicada al final de este capítulo:
1 – PAU D’ ARCO  (tabebuia impetiginosa).
  Este es un árbol nativo de América del Sur y del Caribe. Su corteza ha sido empleada para tratar numerosos males, contiene unos compuestos llamados naftaquinonas que son sumamente efectivas combatiendo los hongos.  Su efectividad supera a la de algunos de los más recetados medicamentos contra los hongos.  Se cree que gran parte de su efectividad se debe a que incrementa el abastecimiento de oxígeno a las células.
2 – OREGANO SILVESTREEl orégano silvestre (Origanum vulgare) es la variedad de orégano más eficaz contra las cándidas. Los principios activos Carvacrol y Timol parecen ser los responsables de sus amplios beneficios en estos casos.
Se pueden tomar un par de cucharaditas al día espolvoreado en crudo sobre las comidas, o se puede usar un aceite de orégano adecuado para uso interno.
3 – EXTRACTO DE SEMILLA DE POMELO
  En 1972, el Físico Dr. Jacob Harish, haciendo pruebas en el compost del jardín de su casa, descubrió por casualidad que las semillas de pomelo no se pudrían como el resto de desperdicios. Investigando el asunto llego a la conclusión de que los componentes de esta semilla aportaban unas excelentes propiedades germicidas.
DESCRIPCION DEL PROCESO
  Para evitar que las cándidas se acostumbren a un producto y se hagan resistentes a él se variarán siguiendo el método explicado a continuación:
-Las primeras dos semanas se hará a rajatabla la dieta dicha anteriormente y  no se tomará ningún producto con el fin de debilitar a las cándidas. Durante las siguientes semanas y hasta el final del tratamiento se seguirá la misma dieta pero añadiendo uno de los cuatro productos.
-Las semanas tercera y cuarta se tomará PAU D’ ARCO acogiéndose a la dosis mínima que figura en el envase. No conviene forzar la eliminación para que el cuerpo no se sobrecargue de toxinas.
-Las semanas quinta y sexta se tomarán las dos cucharaditas al día de OREGANO SILVESTRE, o el aceite de orégano apto para tomar. En este último caso se mantendrá la política de ingerir la dosis mínima que figure en el envase.
-Y las semanas séptima y octava se tomará extracto de SEMILLA DE POMELO a la dosis mínima recomendada.
Después de este proceso lo más probable es que se haya mejorado pero todavía queden síntomas, si es el caso se repetirá todo nuevamente hasta encontrarse bien.






La vagina sorprende a los científicos
Los análisis genómicos revelan un órgano más complejo y dinámico de lo esperado


Vida | 02/05/2012 - 20:33h Josep Corbella

Lejos de ser un órgano pasivo, una mera vía de paso, la vagina alberga una gran riqueza biológica que difiere de unas mujeres a otras y que suele evolucionar a lo largo del ciclo menstrual, según una investigación dirigida desde la Universidad de Maryland (EE.UU.) presentada este miércoles en la revista Science Translational Medicine.

La investigación obligará a corregir las ideas vigentes sobre qué es una vagina sana. Si hasta ahora se consideraba que la vagina debe tener bacterias del género Lactobacillus para protegerse de infecciones, los nuevos resultados indican que algunas mujeres están igualmente protegidas gracias a bacterias distintas. A falta de Lactobacillus, estas mujeres serían diagnosticadas actualmente de vaginosis –una alteración patológica de la flora vaginal– y candidatas a ser tratadas con antibióticos. Pero los investigadores de la Universidad de Maryland han demostrado que no tienen ninguna alteración patológica sino que son casos de variación dentro de la normalidad. Y, por lo tanto, que no deben ser tratadas con antibióticos.

Por otro lado, en los casos en que sí haya vaginosis, la investigación abre la vía a adecuar el tratamiento a la flora vaginal de cada mujer. “Muchos estudios y tratamientos se basan en la idea de que todas las mujeres son iguales y reaccionarán de manera similar a los tratamientos”, declara Jacques Ravel, director del trabajo, en un comunicado difundido por la Universidad de Maryland. Los nuevos datos muestran que “cada mujer parece tener su propio estado de salud”.

La investigación se ha basado en 32 jóvenes voluntarias que a lo largo de 16 semanas se han prestado a extraerse muestras vaginales dos veces por semana. Al mismo tiempo, han rellenado una encuesta diaria en la que se les preguntaba sobre cualquier variable que pudiera estar relacionada con su flora vaginal, como –entre otras– el sangrado menstrual, el uso de támpax o la actividad sexual.

Tras analizar las muestras vaginales con técnicas genómicas de secuenciación masiva, los investigadores han observado que hay cinco tipos principales de floras bacterianas entre las participantes en el estudio. Tres de ellos contienen bacterias del género Lactobacillus, que segregan ácido láctico y crean un entorno hostil que defiende la vagina frente a microorganismos invasores. En los otros dos tipos de floras vaginales son otras bacterias las que construyen una primera barrera de protección frente a las infecciones. Estos resultados confirman los de un estudio anterior presentado el año pasado por los mismos investigadores.
La principal novedad del nuevo trabajo es que hay una gran variedad de bacterias, no solo entre los distintos tipos de flora vaginal, sino dentro de cada tipo. En algunas mujeres –pero no en todas- incluso se han observado diferencias importantes en la composición de la flora vaginal de un día al siguiente (si han tenido una relación sexual) o de una semana a la siguiente (según el momento del ciclo menstrual). Pero, sean de un tipo u otro, y varíen o no varíen con las relaciones sexuales o el ciclo menstrial, todas estas floras vaginales son igualmente sanas, destacan los investigadores.
“El microbioma vaginal es mucho más complejo y diverso de lo que se había imaginado”, destacan Steven Witkin y William Ledger, de la Universidad Cornell (EE.UU.), en un artículo complementario publicado en Science Translational Medicine.
Más allá de mejorar el diagnóstico y el tratamiento de las vaginosis, la investigación ayuda a entender por qué algunas parejas son infértiles pese a que tanto el hombre como la mujer son fértiles. Según la hipótesis que adelantan Witkin y Ledger, la particular guerra de sexos que tiene lugar en la vagina entre la flora (que se defiende de los invasores) y el semen (que contiene moléculas inmunosupresoras para superar las defensas de la vagina) acaba en algunas parejas con la derrota de los espermatozoides. En estos casos, tanto el semen sería fértil con otra flora vaginal como la flora vaginal con otro semen. Si la hipótesis es correcta, se abriría la vía investigar cómo se puede modificar la flora vaginal para conseguir el embarazo deseado.


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«Sin fibra no tendríamos flora intestinal, 
que es vital para las defensas»

Rocío Aller, especialista en aparato digestivo del Hospital Clínico Universitario de Valladolid



 Asegura que «tenemos que mejorar en la alimentación», tanto de niños como de adultos, y recomienda comer fruta, verdura y cereales a diario y legumbres, al menos dos veces a la semana. 

–¿Qué importancia tiene la fibra en nuestra dieta?
–Muchísima, porque regula el tránsito intestinal y porque permite reducir los niveles de glucosa y de colesterol en sangre. Además puede estar relacionada con la prevención de ciertos tipos de cáncer.

–¿Tomamos suficiente fibra?
–En España en general, se toma menos fibra de lo recomendable. Si bien la mediterránea es una dieta rica en fibra, tomamos menos de lo que se recomienda, que es entre 20 y 35 gramos de fibra al día y, generalmente, tomamos alrededor de 20 gramos.

–¿Qué deberíamos comer para llegar a la ingesta ideal de fibra?
–Recomiendo tomar tres raciones de verdura al día, dos tipos de frutas al día, seis raciones de cereales, incluyendo los del desayuno, el arroz o la pasta. Además, de dos a cinco raciones de legumbre a la semana. Con eso se cumplen las necesidades diarias de fibra.
Debemos comer más fruta fresca, más verdura y no olvidar las legumbres, comemos menos de las recomendadas. Nos olvidamos de los cereales integrales, que son importantes porque llevan una cantidad de fibra que hace de escoba natural y limpia el intestino. 

–¿Con la crisis económica se ha notado que se come peor?
–En la consulta no hemos notado problemas. Además, hay que tener en cuenta que los alimentos ricos en fibra no son alimentos caros; hay otros, como carne o pescado, que son más caros y no tienen fibra. 

–¿Conocemos todo lo necesario sobre la fibra?
–Algunos conceptos que están equivocados. Por ejemplo, para la diarrea es bueno tomar fibra soluble, pero la gente tiene el concepto cambiado. La fibra soluble absorbe agua y puede corregir la diarrea y hay un tipo de fibra, que son los fructoligosacáridos, que alimentan las bacterias beneficiosas del colon y son buenos para la diarrea, porque mejora la flora intestinal. Por ejemplo, comer manzana (sin piel), membrillo, ajo o cebolla.

La fibra es importante porque beneficia la flora del colon, la alimenta y la gente no lo sabe, piensa que la fibra barre el colon. La fibra es fundamental, porque sin ella no tendríamos flora, que es muy importante para todo el organismo, para procesos inmunológicos, de defensa, de infecciones, etcétera. Por tanto, nutre nuestro intestino y sus bacterias. 

–Si se cambia la fibra natural por fibra artificial en sobres o polvo, ¿es lo mismo?
–Evidentemente, no; porque si comes una manzana, además de la fibra, te proporciona vitaminas y antioxidantes que no te va a dar el sobre. 

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Uso de probióticos en sustitución de antibióticos

Durante la primera jornada del ‘VI Workshop Probióticos, Prebióticos y Salud: Evidencia científica’, organizado por la SEPyP, se puso de manifiesto como uno de los avances más importantes en la aplicación de los probióticos a la salud, el papel de éstos frente a determinados patógenos tratados actualmente con antibióticos.
El Dr. Francisco Guarner  presentó un estudio en el que se demuestra que en caso de mastitis es más eficaz tratar con cepas específicas de probióticos que no con antibióticos.

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El desequilibrio de la flora intestinal afecta a la conducta

Las bacterias que residen en el intestino influyen también en la química del cerebro


Un equipo de investigadores del la Universidad McMaster de Canadá ha conseguido, por vez primera, recopilar evidencias de que las bacterias que residen en el intestino influyen tanto en la química del cerebro como en el comportamiento. En un experimento realizado, los científicos constataron que la conducta de una serie de ratones podía modificarse provocando un desequilibrio en su flora intestinal. El hallazgo es importante porque sugiere que habría una relación entre un contenido bacteriano anómalo en el intestino y ciertos trastornos del comportamiento.    por  Yaiza Martínez.


Cúmulo de bacterias E. coli (comúnmente encontradas en los intestinos) aumentado 10.000 veces. Cada individuo es un cilindro redondeado. Fuente: Wikimedia Commons.
Cúmulo de bacterias E. coli (comúnmente encontradas en los intestinos) aumentado 10.000 veces. Cada individuo es un cilindro redondeado.    Fuente: Wikimedia Commons. 
 
Un equipo de investigadores del la Universidad McMaster de Canadá ha conseguido por vez primera recopilar evidencias de que las bacterias que residen en los intestinos influyen en la química del cerebro y en la conducta.

Según informa dicha universidad en un comunicado, este hallazgo es importante porque diversos tipos de enfermedades gastrointestinales comunes, como el síndrome de intestino irritable, se han asociado frecuentemente con la ansiedad y con la depresión.

Además, se ha especulado con que algunos trastornos psiquiátricos, como el autismo de inicio tardío (que aparece después de los dos años), pudieran estar relacionados con un contenido bacteriano anómalo en los intestinos de los afectados.

Bacterias esenciales para la salud

Según Stephen Collins, profesor de medicina de la Michael G. DeGroote School of Medicine de la Universidad McMaster y uno de los autores de la investigación, los resultados obtenidos suponen un estímulo para la realización de futuras investigaciones sobre el componente microbiano de los trastornos del comportamiento.

Collins y su colaborador Premysl Bercik realizaron su investigación en el Farncombe Family Digestive Health Research Institute, y han publicado los resultados obtenidos en la revista Gastroenterology.

En líneas generales, en los intestinos de cada persona viven 2.000 especies bacterianas distintas que conforman lo que se denomina la flora intestinal. Estas bacterias llevan a cabo funciones esenciales para nuestra salud, como ayudar a la absorción de nutrientes, sintetizar compuestos o proteger de infecciones. Cualquier trastorno en el equilibro de este ecosistema intestinal puede provocar peligrosos problemas de salud.

Pero parece que la salud física no sería lo único que se resiente como consecuencia del desequilibrio bacteriano de los intestinos. La investigación de Collins y Bercik, realizada con ratones adultos sanos, ha demostrado que la desestabilización del contenido bacteriano corriente del intestino, mediante el suministro de antibióticos, también puede afectar al comportamiento.

Cambios en la química del cerebro

En concreto, para provocar dicha desestabilización en los ratones, los científicos dieron a éstos una mezcla de antimicrobiales (los antibióticos neomicina, bacitracina y pimaricina), que los animales tomaron con el agua de beber, durante un periodo de siete días, publica Gastroenterology.


Los cambios provocados en la flora intestinal de los ratones vinieron acompañados de un incremento en el llamado factor neurotrópico derivado del cerebro (BDNF), que es una proteína activa en ciertas áreas del cerebro, como el hipocampo, la corteza, el cerebelo y las zonas esenciales para el aprendizaje, la memoria o la motivación, entre otras.

El BDNF ya había sido relacionado anteriormente con la depresión y con la ansiedad.

Asimismo, los científicos comprobaron que los comportamientos de los ratones variaron, y que éstos se volvieron más ansiosos o más cautelosos de lo que eran normalmente después de tomar los antibióticos.

Cuando el suministro de los antibióticos orales fue suspendido, las bacterias del intestino de los ratones volvieron a su estado normal, lo que a su vez supuso un restablecimiento del comportamiento corriente de los ratones, y también de la química cerebral de éstos, afirma Collins.

Relación entre bacterias intestinales y comportamiento

Para confirmar que las bacterias pueden influir en el comportamiento, los investigadores dieron un paso más en su estudio. Colonizaron a ratones libres de gérmenes con bacterias tomadas de ratones con un patrón de comportamiento diferente al de los primeros.

Descubrieron así que los ratones sin gérmenes y con una composición genética relacionada con el comportamiento pasivo, cuyo intestino fue colonizado con bacterias procedentes de ratones con un comportamiento exploratorio, se convirtieron en animales más activos y osados.

Asimismo, ratones normalmente activos se volvieron más pasivos después de recibir bacterias de ratones cuyo fondo genético estaba asociado al comportamiento pasivo.

Collins afirma que estos resultados demuestran que, aunque muchos otros factores pueden determinar el comportamiento, la naturaleza y la estabilidad de las bacterias del intestino influyen también en éste. Cualquier trastorno en la flora intestinal, provocado por antibióticos o infecciones, puede producir cambios en el comportamiento.

Bercik añade que la presente investigación sienta las bases de futuros estudios sobre el potencial terapéutico de las bacterias probióticas en el tratamiento de trastornos del comportamiento, en especial de aquéllos relacionados con condiciones gastrointestinales, como el mencionado síndrome de intestino irritable. Las bacterias probióticas son las bacterias que contribuyen al equilibrio microbiano intestinal.

También importantes para el desarrollo del cerebro

La presente investigación se diferencia de otras anteriores sobre la relación de bacterias intestinales y cerebro, más centradas en el papel que las bacterias juegan en el desarrollo del cerebro al inicio de la vida, y no en el efecto de éstas en la conducta, explica Collins.

En este sentido, un estudio hecho público a principios de este año y realizado por científicos del Instituto Karolinska, del Instituto del Cerebro de Estocolmo y del Instituto del Genoma de Singapur, reveló que la colonización de los intestinos por microbios en la primera infancia resulta fundamental para el desarrollo saludable del cerebro.

Los investigadores compararon el comportamiento de ratones que se habían criado en un entorno con microorganismos normales con el comportamiento de ratones que habían sido criados en un ambiente libre de microorganismos (ratones «libres de gérmenes»). Demostraron así que los ratones libres de gérmenes eran más activos que sus iguales con microbios y, además, presentaban comportamientos de mayor riesgo.

Un análisis de la actividad de los genes en los cerebros de ambos grupos de ratones puso también de manifiesto diferencias en los niveles de actividad de los genes implicados en el aprendizaje, la memoria y el control motor.

SOLO SE HAN IDENTIFICADO EL 1% DE TODOS LOS MICROORGANISMOS QUE RESIDEN EN NUESTRO SISTEMA DIGESTIVO

NUESTRA POBLACION VITAL CAMBIA Y EVOLUCIONA CON EL PASO DE LOS AÑOS DEPENDIENDO DE COMO NOS RELACIONAMOS CON EL ENTORNO, RESISTIMOS CIERTAS ENFERMEDADES, DIETA, ANTIBIOTICOS.....
CADA PERSONA TIENE SU PROPIA "HUELLA" SU PROPIA FLORA

Artículos relacionados:

Referencia:
ScienceDaily.com, 12 de agosto 2014

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 La flora intestinal protege al hombre de enfermedades como el asma, la alergia y las enteropatías inflamatorias crónicas. Está relacionada con múltiples enfermedades: autoinmunes e inflamatorias (cáncer,  enfermedad de Crohn, osteoartritis, el síndrome de fatiga crónica, la enfermedad inflamatoria intestinal, la esclerosis múltiple) y trastornos de salud mentales, que ahora son considerados como comunes, como la depresión, la ansiedad, el TDAH y el autismo.

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La flora intestinal regula la inflamación en la esclerosis múltiple

Publicado por el may 10, 2016

Lo que comemos influye en la capacidad de las bacterias en nuestro intestino para producir moléculas pequeñas, capaces de llegar hasta el cerebro. Esto abre un área en gran parte desconocida hasta ahora: cómo el intestino controla la inflamación del cerebro.

Investigadores del Brigham and Women’s Hospital (BWH),  en Boston, muestran  en  un  artículo  publicado  en Nature Medicine que las bacterias que viven en el intestino pueden influir de forma remota en la actividad de las células del cerebro que están implicadas en el control de la inflamación y la neurodegeneración, como los astrocitos.
“Por primera vez, hemos podido identificar que la comida tiene algún tipo de control remoto sobre la inflamación del sistema nervioso central”, explica Francisco Quintana, del Centro Ann Romney para las enfermedades neurológicas en el BWH.
Utilizando modelos preclínicos para la esclerosis múltiple (EM) y muestras de pacientes con EM, el equipo encontró evidencia de que los cambios en la dieta y de la flora intestinal puede influir en los astrocitos, y, en consecuencia, en la neurodegeneración, un hallazgo que apunta a posibles dianas terapéuticas.
neurodegeneracion Esclerosis multipleLos astrocitos son la población de células más abundantes en el sistema nervioso central (SNC).Participan en diversas funciones, incluyendo el control de la barrera hematoencefálica (BBB), la regulación del metabolismo, la modulación de la transmisión neuronal, y el desarrollo del SNC y su reparación. Los astrocitos también tienen un papel importante en enfermedades y lesiones sistema nervioso, y se cree que participar en el origen y la evolución de la esclerosis múltiple.
Las causas de la esclerosis múltiple son aún desconocidas, aunque se cree que una combinación de factores genéticos y ambientales resulta en una respuesta autoinmune que promueve la degeneración neuronal/axonal. Y entre esos factores ambientales podría estar la alimentación.

Investigaciones anteriores han sugerido una conexión entre el microbioma intestinal y la inflamación del cerebro. Sin embargo, se desconocía cómo están relacionados y la influencia de la dieta y los productos del metabolismo de los microbios intestinales. Para explorar esta conexión, Quintana y sus colegas realizaron un análisis transcripcional de la actividad del genoma de los astrocitos - células en forma de estrella que residen en el cerebro y la médula espinal – en un modelo de ratón de esclerosis múltiple, identificando una vía molecular implicada en la inflamación.

Sobre esta vía actúan las moléculas derivadas del triptófano de la dieta (un aminoácido presente en el pavo, carnes, pescado azul, huevos y productos lácteos), capaces de modular la actividad de los astrocitos en la inflamación. En muestras de sangre de pacientes con esclerosis múltiple, el equipo descubrió bajos niveles de estas moléculas derivadas del triptófano.

“Los déficits en la flora intestinal, en la dieta o en la capacidad de absorción de estos productos o de transportarlos desde el intestino puede llevar a déficits que contribuyen a la progresión de la enfermedad”, señala Quintana.

El equipo de investigación planea investigar esta vía y el papel de la dieta en futuros estudios para determinar si los nuevos hallazgos se pueden traducir en objetivos para la intervención terapéutica y biomarcadores para el diagnóstico y detectar el avance de la enfermedad.

Bacterias de la boca pueden cambiar su metabolismo entre la enfermedad y la salud. Las supercomputadoras Stampede y Lonestar compararon la expresión genética de 160.000 genes de comunidades periodontales sanos y enfermos. La investigación facilita el camino para biomarcadores que pueden predecir un amplio rango de enfermedades.
Las bacterias patógenas (rojo) viven tú-a-tú con especies benignas (verde) en una boca sana. Los científicos están comenzando a entender como causas del paso de lo sano a la enfermedad, los cambios metabólicos en las comunidades bacterianas, como la periodontitis, la diabetes y la enfermedad de Crohn. Crédito: TACC

Las bacterias dentro de la boca cambian drásticamente su manera de actuar cuando uno está enfermo, según la investigación donde se han usado supercomputadoras del Centro de Computación Avanzada de Texas (TACC). Los científicos dicen que estos sorprendentes hallazgos podrían llevar a mejores maneras de prevenir o incluso revertir la enfermedad de las encías, periodontitis, la diabetes y la enfermedad de Crohn.

Marvin Whiteley, profesor de biociencias moleculares y director del Centro de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Texas, en Austin, dirigió el estudio publicado en abril de 2014 en el journal mBio.


"Lo que estábamos tratando de averiguar", dijo Whiteley, "es cómo actúan estas bacterias cuando uno está sano, y cómo cuando están en un estado de enfermedad. El hallazgo realmente es que actúan de manera muy diferente."


Las bacterias comparten nutrientes, y algunas especies pueden incluso alimentarse de otras, ya que constantemente interactúan. "Lo que hemos encontrado en este trabajo", dijo Whiteley, "es que este intercambio, y cómo interactúan entre sí, provoca cambios drásticos tanto en la enfermedad como en la salud."


Los investigadores de UT Austin, utilizaron un disparador de secuenciación metagenómica, una forma no específica de estudiar todo el material genético de las comunidades bacterianas. Whiteley y sus colegas analizaron una colección de ARN con las supercomputadoras Lonestar y Stampede de TACC. Fueron premiados con asignaciones para el uso de las computadoras a través de la System Research Cyberinfrastructure initiative de la Universidad de Texas. La investigación fue financiada por becas de los Institutos Nacionales de Salud, administrado por el Instituto Nacional de Investigación Dental y Craneofacial.


Puede ser una sorpresa que los microbios, principalmente las bacterias, superan en número a las células humanas en nuestro cuerpo por 10 a 1 y los científicos han identificado a 10.000 especies diferentes de bacterias que viven en el interior de cada persona. Estas comunidades microbianas se conocen colectivamente como el microbioma humano. Todo ello responde a cinco años de investigación, tras $ 115 millones de esfuerzo, iniciado en 2008 por los Institutos Nacionales de Salud (NIH) y llamado Proyecto del Microbioma Humano.


"Lo más fácil es pensar que se trata sólo de una colección de bacterias que se encuentran dentro o sobre el cuerpo", dijo Whiteley. "Pero pensamos que no sólo son las bacterias, sino la composición genética. ¿Qué es el ADN? Y desde dónde podemos inferir lo que estas bacterias podrían estar haciendo para nosotros."


El laboratorio de Whiteley comenzó aislando el ARN a partir de las muestras en placa recogidas. El coautor del estudio, Keith Turner, investigador postdoctoral del laboratorio de Whiteley, explicaba que, "el ARN, para los que saben acerca de computadoras, es algo así como la memoria RAM (memoria de acceso aleatorio), la memoria de trabajo de la célula". Las muestras de ARN actúan como una imagen de la memoria o un 'volcado de memoria' que revelan la aún desconocida procedencia de los procesos de la bacteria. Desafortunadamente, dijo Turner, no se puede obtener una imagen completa de la actividad dada la enorme cantidad de moléculas de la muestra.


Según explicó Turner, "se trata de obtener lo que se pueda y perfilarlo mediante la secuenciación, utilizando algunos de los últimos avances tecnológicos. Básicamente se convierte en un problema de búsqueda".


Turner buscó una base de datos metagenómica, un gran centro de intercambio genético con muestras medioambientales en lugar de las cultivadas en laboratorio. Miró en el Human Microbiome Project del NIH. Turner fue anotando cada correspondencia de bactería y el gen que venía de la muestra. "Cuanto más se piensa en un determinado proceso, tanto más adquiere importancia", comentó Turner. "El enfoque disparador, como se puede imaginar, es computacionalmente intensivo, por lo que recurrimos a TACC para algunos de estos problemas."


¿De qué tamaño son estos problemas?


Turner y sus colegas eligieron 60 especies distintas de bacterias para representar a la comunidad total. Analizaron más de 160.000 genes, produciendo de 28 a 85 millones de lecturas de fragmentos de ARN, incluyendo cerca de 17 millones de lecturas de mRNA por cada muestra.


Sus hallazgos principales muestran que las bacterias actúan de diferente manera cuando uno está sano que cuando uno está enfermo. "El principal cambio que se produce es en su metabolismo", dijo Whiteley. En otras palabras, una especie de bacteria que comía algo, fructosa por ejemplo, puede cambiar su alimentación a un tipo diferente de azúcar en caso de enfermedad.


El caso es que, "el tipo de cosas que hubiesen tardado una o dos semanas en ejecutarse lo podemos hacer con el TACC en sólo un par de horas", dijo Turner. "Stampede nos permite utilizar la potencia de 6.400 computadores de escritorio al mismo tiempo. Hay muchos problemas en biología que pueden beneficiarse del enfoque de la supercomputación."


Whiteley encontró de interés la periodontitis porque es una de las enfermedades más prevalentes sobre el planeta. "Es una enfermedad interesante, porque son las mismas bacterias las que se encuentran en la boca cuando uno está sano que, más o menos, cuando usted está enfermo", dijo.


"Lo que nuestro estudio señala es que en realidad no importa las bacterias que uno tiene, ya que las comunidades están actuando de manera muy similar", explicó Whiteley. "Así pues, una comunidad sana tiene un determinado metabolismo, no importa cuáles son sus miembros. Y una comunidad enferma tiene un metabolismo muy diferente, sin importar tampoco cuáles son sus miembros. Así es la conservación de una comunidad metabólica."


Whiteley comparó lo que está sucediendo en nuestras encías con un ecosistema de la sabana africana. Las interacciones entre los "animales" es clave. "Usted tiene leones, leopardos y también tiene ñus, todos están ahí. Si miramos sólo en un área de la sabana africana es posible que no haya ningún león allí, y no parece tener mucho sentido. Pero si lo miramos al completo, como una comunidad total, parece que ya empieza a cobrar sentido. Así que, al tratar de entender las interacciones, necesitamos tomar un contexto mucho más amplio, más grande. y eso es lo que hizo este estudio", explicó Whiteley.



De acuerdo con los resultados de Human Microbiome Project, el cambio hacia unas bacterias más nocivas en esa comunidad está vinculado con enfermedades de gran alcance, como la periodontitis, la diabetes y la enfermedad de Crohn.

Whiteley dijo que su investigación puede ayudar a desarrollar biomarcadores que predigan si alguien va a enfermar. "Se puede realmente llegar a una forma rápida de evaluación del comportamiento de la comunidad y decir, ‘usted está en plena progresión de pasar de un estado sano a uno enfermo’, y proporcionar entonces algún tipo de medida preventiva cuando llegues ahí," explicó Whiteley .

Las comunidades bacterianas patógenas que se han reinstalado a sí mismas como perjudiciales también pueden reinstalarse de nuevo como sanas. Esto es posible, en teoría, de alguna manera, según Whiteley.

"Se pueden manipular numerosas poblaciones bacterianas muy fácilmente. Hay que darles de comer algo más. De manera que sean capaces de cambiar de nuevo. Estas son algunas de las ideas que hemos estado pensando en nuestro laboratorio que se fue generalizando a medida que fuimos avanzando."

"La medicina va a cambiar mucho en los próximos 10 a 50 años. Y vamos a tener que pensar mucho más en este tipo de cuestiones, preguntas como ¿qué está haciendo ahora tu microbioma que te obliga a venir por el consultorio médico?", dijo Whiteley.




- Publicación: P. Jorth, K. H. Turner, P. Gumus, N. Nizam, N. Buduneli, M. Whiteley. Metatranscriptomics of the Human Oral Microbiome during Health and Disease. mBio, 2014; 5 (2): e01012-14 DOI: 10.1128/mBio.01012-14 .

- Imagen: Las bacterias patógenas (rojo) viven tú-a-tú con especies benignas (verde) en una boca sana. Los científicos están comenzando a entender como causas del paso de lo sano a la enfermedad, los cambios metabólicos en las comunidades bacterianas, como la periodontitis, la diabetes y la enfermedad de Crohn. Crédito: 

TACC


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El cambio de dieta de as bacterias de su boca pueden provocar la enfermedad
‎Thursday, ‎August ‎14, ‎2014, ‏‎12:16:45 PM | noreply@... (Pedro Donaire)

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Virus que controlan nuestras 

bacterias intestinales

‎Sunday, ‎July ‎27, ‎2014, ‏‎10:06:40 AM | noreply@... (Pedro Donaire)por Azeen Ghorayshi, 25 de julio 2014
Un nuevo virus descubierto podría estar al acecho entre las tripas de casi las tres cuartas partes de las personas de todo el mundo, lo que significa que es uno de los virus más omnipresentes que nunca se haya conocido.
 

Este virus se replica a través de la infección de una de las especies de bacterias comunes de nuestro intestino, es seis veces más abundante que los otros virus intestinales conocidos combinados. Su descubrimiento apoya la idea de que los virus pueden ser los maestros de marionetas de nuestros intestinos, regulando las rebosantes comunidades bacterianas que habitan en nuestra casa intestino.
 

"La idea es que los virus pueden controlar los niveles de bacterias del intestino, para asegurarse de que ningún tipo lleve la delantera", dice Bas Dutilh, del Centro Médico de la Universidad Radboud en Nijmegen, Holanda. "Los virus serían los encargados de mantener la biodiversidad dentro de nosotros."
 
El hecho de que el virus se haya descubierto en tantas personas diferentes, independientemente de donde vivan o lo que coman, refuta la creencia sostenida anteriormente de que la firma viral de cada persona es única, dice Dutilh.
 

La idea de que nuestra carga viral, conocida colectivamente como viroma, varía de persona a persona proviene de un estudio en 2010 que examinó las similitudes entre las bacterias intestinales de los gemelos. Se usaron los datos genómicos de muestras fecales, un buen indicador para inferir lo que está pasando más arriba del intestino, a partir de cuatro parejas de gemelos y sus madres, el estudio encontró que las bacterias intestinales residentes entre individuos que estaban estrechamente relacionados era mucho más parecida a la existente entre  individuos no relacionados. Las comunidades virales, por el contrario, parecían variar ampliamente, incluso entre los gemelos.
 

La materia oscura biológica

 
Pero existía una seria advertencia, sólo el 19 por ciento del viroma del grupo coincidía con alguno de nuestras bases de datos de virus conocidos. El resto, dice Dutilh, es como una caja negra, tanto por el gran número de virus desconocidos que andan por ahí y también por la rápida evolución viral, de la que ya sabemos. Esto es en cuanto se refiere al reino de la ‘materia oscura biológica’. "El resto fue ignorado porque no teníamos ni idea de lo que son o lo que hacen", añadió.
 

Dutilh y sus colaboradores de la Universidad Estatal de San Diego decidieron sumergirse de nuevo en los datos para ver si los participantes en el estudio compartían algo de esa materia oscura viral. Un virus, una especie que coloniza de bacterias, llamados bacteriófagos, estaba presente en las muestras de los 12 individuos.
 

Cuando los investigadores ampliaron su búsqueda para incluir todos los datos desde el Proyecto Microbioma Humano, un proyecto a gran escala para secuenciar el ADN de todos los microbios que viven en y sobre nuestros cuerpos, hallaron que ese mismo virus estaba presente en el 73 por ciento del total de 466 muestras fecales humanas. Le pusieron el pegadizo nombre de CrAssphage debido al software para ensamblar ADN que utilizaron para descubrirlo.
 

"Lo encontramos en muestras procedentes de Europa, Asia y EE.UU", señala Dutilh. "Una explicación es que ha estado con nosotros desde hace muchas generaciones, diseminado con la especie humana por todo el mundo. Pero también es posible que sea de alguna comida que se come en todas partes."
 

Maestro de marionetas
 

El equipo fue capaz de demostrar que el más probable anfitrión del CrAssphage sea la bacteria Bacteroides, una de las bacterias más comunes residente en los intestinos. La bacteroides se ve involucrada en enfermedades como la obesidad, la diabetes e incluso el cáncer colorrectal, lo que sugiere que el virus puede también tener un impacto en dichas enfermedades. Pero ya que pueden existir virus como el CrAssphage dentro de las bacterias de muchas formas, todavía no está claro cuál es el papel que desempeña.
 

Sea lo que sea, dice Dutilh, todo ello destaca la importancia del viroma como un mecanismo de control de un nivel más alto que las comunidades bacterianas. Esto podría ser aprovechado para una terapia de fagos personalizada, donde una serie de bacteriófagos especialmente diseñados pueden insertarse en el intestino con el propósito de matar o impulsar ciertas poblaciones bacterianas que han ido mal.
 

"Hace poco tiempo que los recientes avances tecnológicos han permitido iniciar el descubrimiento de la enorme diversidad que contiene el mundo viral", dice Alejandro Reyes, de la Universidad de Washington en St Louis, Missouri, que participó en el estudio de viromas en los gemelos. "Ahora el objetivo es entender qué papel juegan los virus en la comunidad microbiana intestinal que, dada su abundancia y diversidad, debe ser muy importante."
 

"El hecho de que el viroma haya sido pasado por alto desde hace 10 años es una evidencia desdeñada en la investigación del microbioma", comenta Dutilh. "La mayoría de la gente sólo se centran en las bacterias, pero los virus, e incluso los hongos, también existen. La interacción entre todas estas cosas y el intestino del huésped es lo realmente importante." 

- Publicación: Nature Communications, DOI: 10.1038/ncomms5498 .
- Artículo "The super-abundant virus controlling your gut bacteria" 
- Imagen: el nuevo CrAssphage es un tipo de bateriófago, como el de esta imagen  Getty Images/3DClini

c.



La Microbiótica es un nuevo término que alude al estudio y aplicación de las relaciones simbióticas (de interdependencia) entre los microorganismos de un sistema determinado: una comida, un cuerpo, una planta, el suelo, el agua…


Por primera vez en lenguaje castellano, este libro aborda desde diferentes perspectivas el estudio y el reconocimiento de la acción de los microorganismos y su relación simbiótica para regenerar y potenciar la vida frente a la degradación y la muerte.


Un gran elenco de especialistas médicos, biólogos, ingenieros, psicólogos, cocineros e investigadores describen como utilizar los microorganismos regeneradores para superar los problemas que nuestra civilización en la ecología, agricultura, gastronomía, nutrición y en la salud integral.


Descubra con la Microbiótica como su vida puede cambiar, simplemente apoyándose en esas bacterias que nos rodean, que somos y tenemos en nuestro cuerpo, y cuyo equilibrio crea las condiciones para nuestra supervivencia. La salud humana, como la de todo el ecosistema, también reside en ese invisible micromundo que nos interpenetra. Porque ellas están aquí para ayudarnos a vivir con plenitud y en equilibrio con la biosfera que a lo largo de miles de millones de años han ido creando


Sobre el autor La Microbiótica es un movimiento ecocientífico que nace con este libro gracias a la desinteresada participación de sus autores:

Lynn Margulis. Catedrático de Geociencias en la Universidad de Massachusetts (EEUU).

Bonnie Bassler. Directora del departamento de Microbiología de la Universidad de Princeton.

Máximo Sandín. Doctor en Ciencias Biológicas y exprofesor titular, Facultad de Biología, Universidad Autónoma de Madrid.

Jairo Restrepo. Ingeniero Agrónomo. Máximo exponente de la Agricultura Regenerativa.

Juana Labrador. Doctora en Biología. Profesora en la Universidad de Extremadura. Virginia Ruiperez. Enfermera. Especialista en nutrición y fertilidad natural. Francisco Mata. Doctor en medicina y especialista en nutrición naturista.

Emilio Santos. Licenciado en ciencias físicas y en medicina. Psiquiatra y ginecólogo.

Palmira Pozuelo. Farmacéutica. Profesora de nutrición y dietética, Universidad María Cristina de El Escorial (Madrid).

Jesús Mier. Psicólogo clínico.

Martin Goldman. Chef de cocina.

Luis Antonio Lázaro. Periodista e investigador microbiótico. Ander Urederra. Investigador en nutrición simbiótica tradicional.

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 El 8% de nuestro genoma es de origen virico

En una gota del mar hay un millon de bacterias y en un gramo de tierra 4 millones y en ambos casos hay entre 5 y 25 veces mas virus.

Virus y bacterias forman parte de nuestro genoma.

Las personas se "infectan" continuamente con virus y bacterias y no por eso enferman.
No todas las infecciones virales son malas y muchas infecciones virales y bacteriales son buenas
Los retrovirus endogenos cumplen al menos una funcion beneficiosa critica para la produccion de anticuerpo protectores .



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¿Sustituirías durante un mes tu jabón, champú y desodorante por una población de bacterias?

 
Burro consiguiendo su propio desodorante probiótico 

Reconócelo, si piensas en bacterias recorriendo tu piel te apetecerá de inmediato meterte en la ducha y frotarte con esponjas exfoliantes y geles desinfectantes. Nos pasa a todos, es propio de una sociedad obsesionada con la limpieza. Pero, ¿aceptarías participar en un ensayo en el que durante cuatro semanas tuvieras que emplear exclusivamente a bacterias (Nitrosomas eutropha) en tu limpieza corporal, renunciando durante todo ese tiempo al champú y al jabón? La colaboradora del New York Times Julia Scott aceptó el reto y acaba de publicar su experiencia personal en un curioso artículo.

[Relacionado: Una guerra bacteriológica “delante de tus narices”]

La start-up tecnológica AOBiome, con sede en Cambridge, Massachusetts (EE.UU.) acaba de crear un tónico incoloro, inodoro e insípido llamado AO+, que se pulveriza sobre la piel, y que en realidad es un cultivo de miles de millones de Nitrosomas eutropha, una bacteria especializada en la oxidación del amoniaco que puedes encontrar allá donde haya basura o agua estancada.

Los científicos de AOBiome creen que esta bacteria vivía hasta no hace demasiado tiempo feliz y contenta sobre nuestra piel, actuando como una especie de desodorante "intransferible" al alimentarse del amoniaco presente en nuestro sudor y transformarlo en nitrito y óxido nítrico. Eso fue, claro está, antes de que empezáramos a aplicarnos desodorantes y a lavarnos con jabón, gel y champú.

Según cuenta Scott, la solución de esta bacteria que empleó en el experimento debía conservarse en la nevera, porque las inocuas bacterias que lo conforman están vivas. La "limpieza" consistía en humedecer dos veces por día la cara, cuero cabelludo y cuerpo con AO+. A finales de cada una de las 4 semanas, los científicos tomaban muestras de la piel de Julia (y del resto de participantes) para analizar el estado de su comunidad microbiana, también conocida como "microbioma".

Nitrosomas. Crédito imagen: Yuichi Suwa 

Algunos científicos comienzan ahora a plantearse si la guerra que estos últimos siglos hemos mantenido contra la microbiota históricamente asociada con el género humano podría estar detrás del aumento de las alergias. El caso de AOBiome es curioso, su inventor David Whitlock (que por cierto predica con el ejemplo hasta el extremo espolvoreando su producto AO+ dos veces al día, y reconociendo abiertamente no haberse ha duchado durante los últimos 12 años) recibió la inspiración al ver como los caballos se revolcaban por el suelo en verano para combatir el sudor.

Estaba claro que en la suciedad del suelo había algo interesante. Así fue como tras tomar muestras del lugar, llevarlas a su laboratorio y cultivarlas en una solución de amoniaco para simular el sudor, descubrió el papel de la N. eutropha, una delicada bacteria que no duplica su población cada 20 minutos, como hacen otras especies que habitan en nuestra piel, sino que requiere 10 horas para tal logro.

¿Cómo le fue a Julia en su experimento? Pese a reconocer que la peor parte fue aguantar los chistes de sus colegas (llegaron a dejarle una barra de desodorante en la mesa de trabajo), lo cierto es que cuando les pidió que la olieran tras los primeros días sin jabón, ninguno notó diferencia alguna. Pese a algún inconveniente (su nivel de grasa capilar creció por ejemplo) lo cierto es que pasada la primera semana los niveles de esta bacteria en su piel se estabilizaron, encontrando un nicho amistoso en el bioma de la periodista. Incluso después de asistir al gimnasio, aplicándose AO+ antes de salir de casa y al regresar, Julia se vio sorprendida al no percibir "efectos secundarios" partiendo de sus pies, un punto crítico con el sudor como todos sabemos.

Una semana después de pasar la prueba del mes sin jabón, y de retornar a los hábitos higiénicos anteriores, en el laboratorio le confirmaron que la colonia de N. eutropha había prácticamente desaparecido de su cuerpo. Necesitó un mes para "cultivar" su propio desodorante probiótico, pero solo tres duchas para acabar con las bacterias.

[Relacionado: ¿La taza del váter es el lugar más sucio de la casa?… Puede que te sorprendas]

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Bacterias para vivir

Evoco con el doctor Guarner los documentales de los 60 con astronautas que sólo comían pastillas en entornos esterilizados. Eran el evangelio de un mundo sano y feliz, libre ya de microbios malignos. Pero no hay nada más pasado que el futuro de la ciencia ficción.

Hoy Guarner me descubre que la esterilidad total nos volvería lelos y que hay muchas bacterias saludables. La medicina no deja de sorprendernos: lo que ayer engordaba hoy parece adelgazar, y resulta que es menos deseable la pasteurización de los embotellados que cierta exposición a las bacterias saludables de las conservaciones tradicionales de cervezas, vinos, quesos y yogures. Y además están más ricos.

Cuando yo era un chaval, los microbios se consideraban una plaga sin excepciones. El ideal era un mundo esterilizado. Hoy sabemos que no podemos vivir sin ellos. Necesitamos a las bacterias.

¿Por qué?
Nuestro intestino mide 10 metros y en dos horas hace las digestiones. Pero en el metro y medio final, el colon, las fibras vegetales permanecen hasta tres días. Ahora sabemos por qué no las defecábamos antes.

Todo tendrá su explicación evolutiva.
Imagínese la precaria dieta de nuestros antepasados: a menudo sólo comían de un solo vegetal durante semanas. ¿Cómo lograban suplir sus carencias alimenticias?

¿Cómo sobrevivimos comiendo mal?
Pues gracias a esos tres días en los que miles de bacterias -con 600.000 genes diversos- fermentaban las fibras vegetales cooperando con nuestro organismo -que sólo tiene 30.000- para darle todo tipo de nutrientes e inductores de nuestro sistema inmunitario.

¿El alimento también es medicina?
En esa bola de 700 gramos de bacterias, la microbiota -antes flora intestinal- nuestro cuerpo reconoce el mundo inmunológico.

Son los ojos de nuestra inmunidad.
Tenemos 30.000 folículos linfoides en el intestino que informan al sistema inmune. Allí linfocitos sin estrenar esperan a recibir esa información inmunológica para decidir si toleran o rechazan cada antígeno.

Una maravilla evolutiva.
Pero nosotros, al suprimir bacterias indeseables de enfermedades como la lepra o la tuberculosis, también hemos liquidado otras que necesitamos. Hemos perdido diversidad bacteriana y debemos recuperarla.

¿Qué precio pagamos por la pérdida?
En África, donde la eliminación bacteriana ha sido menos radical, siguen sufriendo enfermedades aquí extinguidas, pero se libran de otras que entre nosotros proliferan como el asma, alergias, síndrome de Crohn, esclerosis múltiple, diabetes tipo 1 o intolerancias alimentarias como la celiaca.

¿Qué tienen en común esas dolencias?
La falta de biodiversidad resta efectividad al sistema inmunológico y por eso en los celíacos, por ejemplo, identifica erróneamente al gluten como invasor. Recuerde que cada bacteria tiene 1000 genes, y nosotros 30.000. Su simplicidad les permite adaptarse con rapidez a nuestros bactericidas más potentes, incluso a las lejías, hasta volverse muy agresivas. Piense que la bacteria fue la primera forma de vida en el planeta.

Y será la última: nos sobrevivirán.
La microbiota, además de mejorar nuestra nutrición e inmunidad, genera productos hormonales que influyen en nuestro cerebro y nuestra conducta, por eso los ratones a los que al nacer quitamos sus bacterias intestinales sufren trastornos de comportamiento social y son hiperactivos.

¿Sin bacterias no hay inteligencia?
Hay déficits. La esterilidad no es deseable. Por eso a mis hijos les he evitado la suciedad, por supuesto, pero también les he expuesto a la biodiversidad microbiana de la naturaleza sin manías esterilizadoras. Sus sistemas inmunológicos deben aprender.

¡Hay que salir al campo y sin miedos!
El aparato digestivo es nuestro segundo cerebro, porque las bacterias intestinales modulan nuestras ideas y acciones. Lo explica bien la doctora Sardà en Las maravillas de la flora. Las culturas determinan dietas, pero también las dietas determinan culturas.

Dime qué comes y te diré qué piensas.
En el proyecto Metahit (Metagenomic of the Human Intestinal Track), que ahora publicará Nature, hemos analizado con sistemas de secuenciación masiva la genética de excrementos de 1267 asiáticos, europeos y africanos: es un catálogo de 10 millones de genes. Hemos descubierto que 300.000 son comunes a todas las poblaciones.

Veo que nos separan 9.700.000 genes.
En cada cultura las diferentes dietas van interactuando con sus propias bacterias para adaptarse a sus medios naturales.

¿Una dieta insana lo es para todos?
Sí, porque si dejamos de ingerir vegetales, y con ellos fibra, las bacterias pasan a "comerse" literalmente las paredes del intestino en un proceso de putrefacción que libera sulfhídrico. Un proceso maloliente, por cierto, y desagradable para todos.

¿Cómo evitarlo?
Yo doy a mis pacientes salvado de trigo y avena combinados. Fibra a mansalva. Otros probióticos eficaces, además de los consabidos yogures, son las olivas, vino, cerveza...

¿De cualquier tipo?
Siempre es mejor evitar las pasteurizaciones de los envasados y embotellados, porque liquidan bacterias saludables.


Leer más: http://www.lavanguardia.com/lacontra/20140531/54408532433/al-curar-unas-enfermedades-hemos-propiciado-otras.html#ixzz3nbaWBzqn



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